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Parásitos de lujo

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Por Ricardo Sevilla

Ahora sí está llegando el ocaso de la aristocracia burocrática. ¡Están a punto de desaparecer las obscenas pensiones millonarias! Y, justo por eso, hay dinosaurios de la derecha que están enojados hasta el tuétano. ¡Y cómo no! ¡Se les acabará su minita de oro!

Y es que, durante décadas, el presupuesto público de México ha tenido que sostener un pesado (y obsoleto) sistema de castas financieras ocultas bajo el nombre de “prestaciones laborales”, que no han sido otra cosa que auténticos atracos a la economía nacional.

Pero eso está tocando a su fin. ¡Y qué bueno!

Ahora sí, con el aval de 18 congresos estatales, se ha logrado poner un candado de acero a las cajas fuertes de los organismos más poderosos del país: LFC, Pemex, CFE y Nafinsa, instituciones que eran desagradas, sin piedad, por los viejos vampiros del neoliberalismo.

Y es que ahí, durante sexenios, operó una estructura de privilegios donde, por ejemplo, exdirectivos de la extinta Luz y Fuerza del Centro (LFC) —una empresa que dejó de operar en 2009— seguían percibiendo más de 1 millón de pesos mensuales.

¿Y eso qué significa? Analicemos a profundidad: este monto, de entrada, equivale a lo que 165 trabajadores con salario mínimo ganan en un mes, destinado a un solo individuo. ¡Una auténtica bofetada al rostro del pueblo! ¡Era un robo “legal” que le costó a las finanzas públicas una millonada!

En breve se acabará el tiempo donde el servicio público era una vía rápida para la nobleza financiera.

¿Y por qué hay que alegrarse? Porque las pensiones doradas, infelizmente, representaban una forma de acumulación por desposesión, donde los recursos públicos se concentraban en una élite técnica-política (la horripilante tecnocracia), aumentando la brecha de desigualdad estructural.

La reforma no solo es un ajuste contable; es el desmantelamiento de un ecosistema de lealtades políticas financiadas por el contribuyente.

¿Justicia social? Yo diría que sí, porque, precisamente, la justicia social empieza por recuperar el dinero que nunca debió salir de las arcas públicas. Se acabaron los parásitos de lujo.

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