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Alcaldías destinan millones a representaciones religiosas en pueblos originarios, generando debate sobre laicidad, transparencia y uso del erario en tradiciones populares
Juan R. Hernández
Ciudad de México.- Más de 8.8 millones de pesos en subsidios directos e indirectos se destinan en 2026 a representaciones de la Pasión de Cristo en Xochimilco, Milpa Alta y Gustavo A. Madero, mientras que en Iztapalapa el gasto supera los 20 millones de pesos, evidenciando el peso del financiamiento público en estas tradiciones.
Lejos de los reflectores de Iztapalapa, una red silenciosa de apoyos institucionales mantiene viva la Semana Santa en pueblos originarios de la capital. Lo que antes era una organización vecinal hoy depende, en gran medida, del respaldo presupuestal de las alcaldías, bajo esquemas de “donativos culturales” y “fortalecimiento de tradiciones”.

En Xochimilco, donde se realizan más de 15 representaciones simultáneas, la inversión ronda los 4.5 millones de pesos. El apoyo no siempre llega en efectivo: se traduce en escenarios, plantas de luz, audio profesional, materiales y un despliegue de hasta 1,200 elementos de seguridad, además de servicios médicos cubiertos por la demarcación.
Milpa Alta, bastión de los pueblos originarios, recibe cerca de 2.8 millones de pesos para su emblemática representación en Villa Milpa Alta. Aquí, el recurso se enfoca en logística y control de multitudes en terrenos accidentados, donde miles de visitantes se congregan sin infraestructura turística suficiente.
En Gustavo A. Madero, particularmente en Cuautepec, los apoyos en especie ascienden a 1.5 millones de pesos, destinados a seguridad, limpieza y protección de actores que participan en recorridos como el ascenso al Cerro del Murciélago.
El debate de fondo gira en torno a la delgada línea entre cultura y religión. Aunque la ley establece un Estado laico, autoridades defienden el gasto al considerarlo una inversión social. “No financiamos una religión, protegemos el tejido comunitario y la economía local”, argumentan enlaces culturales.

Y es que los costos no son menores: vestir a un soldado romano puede superar los 8 mil pesos, mientras que una cruz de madera rebasa los 5 mil pesos. Sin estos apoyos, advierten organizadores, muchas representaciones desaparecerían o perderían su impacto.
A cambio, las alcaldías apuestan por un retorno económico. Se estima que durante Semana Santa se genera una derrama de hasta 85 millones de pesos en comercio local, beneficiando a mercados, transportistas y vendedores.
Sin embargo, persisten cuestionamientos por la falta de transparencia en la asignación de recursos y la concentración del presupuesto en eventos de mayor tamaño. Para críticos, el riesgo es que la dependencia institucional debilite la autonomía comunitaria.
Así, en la capital del país, la Pasión de Cristo se sostiene en un modelo híbrido: la fe la ponen los barrios, pero el andamiaje que permite su magnitud lo financia, cada vez más, el erario público.