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Involución y un pin con forma de soga

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Con un pin en la solapa en forma de soga, se identificaron los miembros del Parlamento israelí que votaron a favor de la pena de muerte por ahorcamiento que celebraron con risas y champaña luego de aprobarse la nueva ley para los presos palestinos acusados de “actos de terrorismo”. La medida, que solo aplica a los palestinos, deberá aplicarse en un plazo máximo de 90 días.

Nada se habló respecto a las atrocidades cometidas en los territorios ocupados y que ahora ya se han adjudicado; los cientos de videos, testimonios, documentos que prueban los excesos de las tropas sionistas no fueron tomadas en cuenta, voces como la de Francesca Albanese, actual relatora de la ONU, han sido silenciadas, amenazadas, enfrentadas a sanciones económicas. Para los jueces sionistas, los palestinos han cometido “crímenes abominables” y “no merecen vivir”, aunque de facto sean gente inocente que defendía su casa, sus cosechas, su vida y la de su familia y su tierra, como lo ha hecho desde que el afán expansionista de los que alguna vez les dieron refugio luego de la Segunda Guerra, se volviera en su contra, para arrebatarles todo.

Algunos países europeos se muestran “inquietos” ante esta decisión, pero ninguno ha propuesto sanciones reales como el aislamiento a una nación que ahora quiere anexarse también el Líbano.

El ahorcamiento fue practicado por Israel por última vez a Adolf Eichman en 1962 y hoy, paradójicamente han aprobado una ley que castigará sin distinción de sexo o edad a cualquiera que el estado considere pertinente.

Nada hemos aprendido desde la Segunda Guerra, el mundo mira, paciente y pasivo las masacres, la desigualdad social manifiesta en el puñado de ricos, cada vez más enriquecidos con los múltiples conflictos, la humillación, masacre, despojo y muerte del hombre por el hombre alegando, entre otras cosas, “pureza genética”, orden divino que obliga al cumplimiento de profecías, o el aprovechamiento de recursos, pueden ser los pretextos para que un país ataque a otro, imponga regímenes totalitarios, “traslade” barcos cargados de oro o lo que deseen porque como dijo Trump refiriéndose a Cuba: “puedo hacer lo que quiera”, son muestra de la involución de una sociedad que calla cuando hace mucho debió haber actuado. Esta es la era de la IA, de la “modernidad” en la que tristemente estamos regresando a la ley del más fuerte, con el salvajismo disfrazado de legalidad.

Ana María Vázquez

Dramaturga/Escritora

@Anamariavazquez

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