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MC: política que se canta

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Por Ana E. Rosete

(Y que se queda)

Por años nos dijeron que la política se debatía. Que se contrastaban ideas, trayectorias y propuestas. Pero en México, y particularmente en el caso de Movimiento Ciudadano, la política también se tararea. Y quizá ahí está una de las claves de su crecimiento.

Mientras partidos tradicionales como Morena, Partido Acción Nacional o Partido Revolucionario Institucional se enredan en discursos largos, spots acartonados y narrativas recicladas, Movimiento Ciudadano entendió algo fundamental: en la era digital, la atención no se gana con argumentos, se captura con emoción. Y nada más emocional, ni más efectivo, que la música.

Sus jingles no son un accesorio de campaña, son el corazón de su estrategia. Basta recordar fenómenos virales como el de Samuel García durante su campaña en Nuevo León, donde el ritmo, los colores fosforescentes y la estética fresca lograron lo que ningún debate pudo: conectar con audiencias jóvenes que tradicionalmente estaban alejadas de la política. Lo mismo ocurrió con la exposición mediática de Mariana Rodríguez, quien convirtió la vida cotidiana en contenido político digerible y compartible.

Movimiento Ciudadano no solo hace campañas, produce “hits”. Canciones pegajosas, coreables, simples. Estrategias pensadas no para convencer en un foro, sino para viralizarse en TikTok, reproducirse en reels y quedarse en la cabeza de millones. Porque hay algo profundamente poderoso en una melodía que no puedes sacar de tu mente: se convierte en recuerdo, y el recuerdo, en afinidad.

Esto no es menor. En comunicación política, el primer paso no es que te entiendan, es que te recuerden. Y en ese terreno, MC ha sido brutalmente eficaz. Sus jingles funcionan como pequeñas cápsulas de posicionamiento ideológico simplificado: optimismo, frescura, “lo nuevo”. No importa si el contenido es profundo o no; importa que se repita, que se comparta, que se vuelva parte de la conversación cotidiana.

Claro, hay una pregunta incómoda detrás de este éxito: ¿qué pasa cuando la forma le gana al fondo? Cuando la política se convierte en un producto de consumo rápido, donde el ritmo sustituye al argumento y la imagen desplaza al proyecto. Movimiento Ciudadano ha sabido capitalizar un vacío, sí, pero también ha evidenciado una debilidad estructural del electorado: preferimos lo que se siente cercano, aunque no necesariamente sea lo más sólido.

Aun así, sería un error subestimar lo que han construido. En una contienda dominada por estructuras tradicionales y maquinarias partidistas, MC ha logrado abrirse paso con algo aparentemente simple, pero profundamente estratégico: hacer de la política una experiencia emocional. Y en ese terreno, llevan ventaja.

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