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Fachos futboleros 

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Por Miguel García Conejo

@kurt2767

Los abucheos a la Selección Mexicana frente a Portugal no sólo fueron una reacción al resultado o al desempeño en la cancha; son el síntoma de una transformación más profunda en la relación entre el futbol y su público.

Hoy, asistir a un partido de la selección se ha convertido en un privilegio restringido, marcado por boletos inflados, reventa descontrolada y una lógica de consumo que excluye al aficionado tradicional.

El estadio, que antes era espacio de identidad colectiva, ahora es vitrina social. Muchos de quienes ocupan las gradas no llegan por amor al juego ni por compromiso con el equipo, sino por la posibilidad de “estar ahí”, de mostrarse.

El futbol de selección, en ese nivel de espectáculo global, ha sido capturado por una élite que consume entretenimiento, no que construye pertenencia.

De ahí el abucheo fácil, la impaciencia, la exigencia de espectáculo inmediato. No asumen el papel de afición, sino el de cliente. Y el cliente no alienta: evalúa, exige y castiga.

El problema está en la cancha, cierto, no hay nivel aceptémoslo, pero tampoco en las gradas. Mientras el acceso al futbol siga mediado por el dinero y el estatus, la selección jugará ante públicos que no sienten los colores, sino que pagan por una experiencia, y cuando esa experiencia no satisface, el respaldo se convierte en reproche.

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