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CDMX: un ensayo fallido rumbo al Mundial

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Por Ana E. Rosete

La Ciudad de México presumió su capacidad para organizar eventos de talla internacional. Hoy, esa narrativa hace agua. La reinauguración del rebautizado Estadio Banorte, el mismo que pretende ser la joya de la corona rumbo al Mundial 2026, terminó por exhibir, sin matices, que esta ciudad no está lista.

Y no es una afirmación ligera. Es un diagnóstico.

Lo ocurrido no fue un tropiezo aislado, sino una cadena de fallas que retratan un problema estructural: improvisación, simulación y una peligrosa desconexión entre autoridades y realidad urbana.

El episodio más grave —la muerte de un aficionado tras caer de una zona VIP— no puede ni debe minimizarse. Más allá de las circunstancias individuales, lo que queda es la pregunta incómoda: ¿cómo es posible que en un evento de esta magnitud no existan controles efectivos de seguridad, supervisión en zonas de riesgo y protocolos claros de prevención? Si eso ocurre en un evento “de prueba”, ¿qué se espera cuando lleguen miles de visitantes internacionales?

Pero el problema va mucho más allá de la tragedia.

La experiencia dentro del estadio fue, para muchos, un fraude. Aficionados que pagaron boletos premium terminaron viendo el partido de pie o con visibilidad limitada. La promesa de modernización se tradujo en errores básicos de diseño y ejecución. No es un detalle menor: es una señal de que se privilegió la prisa sobre la planeación.

Afuera, la historia fue igual de preocupante. Accesos saturados, transporte insuficiente, estacionamientos rebasados y franeleros haciendo su agosto en pleno marzo. La movilidad, ese talón de Aquiles histórico de la capital, volvió a colapsar. Y lo hizo en un evento controlado, en condiciones relativamente acotadas.

Como si fuera poco, la propia infraestructura evidenció su fragilidad. Obras inconclusas, ajustes pendientes y la certeza de que el estadio aún tendrá que ser modificado nuevamente para cumplir con los lineamientos internacionales. Se inauguró algo que, en los hechos, no estaba terminado.

Es decir: falló, de manera indiscutible, la prueba piloto.

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