Síguenos

¿Qué estás buscando?

Voces

El PT y el Verde

41 lecturas

Por Eduardo López Betancourt

Una traición política 

En otros países se conoce con claridad la orientación ideológica y los objetivos de los distintos partidos políticos. En México, en cambio, en algunos casos resulta difícil identificar cuáles son sus pretensiones, hacia dónde se dirigen, cuál es su propósito y, en síntesis, cuál es su oferta para que el ciudadano decida otorgarles su voto.

En nuestra nación existen organizaciones políticas cuya identidad y origen generan dudas. Entre ellas se encuentran el llamado Partido del Trabajo (PT) y el conocido Partido Verde Ecologista de México. Sus antecedentes resultan, por decir lo menos, poco edificantes. El Verde surgió impulsado por una “familia religiosa” de considerable poder económico y, como si se tratara de un obsequio navideño, apareció en el escenario político el llamado “niño verde”.

Por lo que respecta al PT, tampoco cuenta con antecedentes claros ni con una trayectoria política sólida. Se afirma que su impulsor fue un personaje cuya historia personal, incluso en relación con su propio hermano, dista mucho de ser ejemplar. En efecto, se ha señalado que Raúl Salinas de Gortari fue quien alentó la creación de esta organización política que, paradójicamente, porta una denominación de atractivo social.

Ambos partidos se han caracterizado por su tendencia a adherirse a las fuerzas políticas dominantes. En distintos momentos han sido aliados tanto del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como del Partido Acción Nacional (PAN). Lo cierto es que, con el paso del tiempo, han logrado crecer y consolidar una presencia relevante en la vida política nacional.

La presidenta impulsa una reforma de carácter político; dentro de la propia estrategia gubernamental se plantea una alternativa conocida como “Plan B”. En este nuevo escenario, el Partido Verde Ecologista ha mostrado disciplina política; no así el PT, que insiste en obtener mayores beneficios, particularmente en materia económica y de representación legislativa. Esto último implicaría que diversos cargos de senadores y diputados no provengan del voto ciudadano, sino de designaciones internas que con frecuencia recaen en familiares o allegados.

Nos encontramos, pues, frente a una situación que bien podría calificarse como una forma de traición política, particularmente por parte del Partido del Trabajo.

Sería saludable para el País evitar la proliferación de partidos cuya existencia parece orientada más a obtener privilegios y concesiones que a representar auténticamente a la ciudadanía. La fragmentación partidista solo genera confusión y abre espacios para prácticas que, en muchos casos, resultan vergonzantes y cercanas a la corrupción. Entre haya mejores tiempos democráticos, los Partidos “pequeños a la rebatinga y a vender caro su apoyo”.

Te puede interesar

Advertisement