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Se llamaba Noelia, y apenas tenía 25 años.
Un rostro dulce, sereno que a pesar de sus pocos años en este mundo ya había sido varias veces víctima de distintos tipos de violencia, un intento de suicidio luego de ser violada por tres desconocidos hizo que, en su desesperación se arrojara desde un quinto piso, las secuelas al no morir fueron graves: dolor neuropático incontrolable, incontinencia, y hemiplejia.
Las violencias sufridas en su infancia fueron creciendo al punto de solicitar le fuera aplicada la eutanasia; luego de diversos estudios éticos, médicos, psicológicos y psiquiátricos, el estado le concedió el permiso, pero su padre, tutor legal de la chica, se opuso y se unió a grupos católicos de ultraderecha que respaldaron jurídicamente su objeción. Un poco más de dos años duró la batalla legal de la joven para que el estado le permitiera tomar una decisión legal y consciente de que le fuera aplicado el medicamento con el que finalmente terminaría su sufrimiento.
Más allá de la revictimización de otros columnistas y los principios éticos, morales y jurídicos que argumentaban, llamó la atención el que reconocidas figuras de la ultraderecha se manifestaran en contra de la decisión de Noelia y le ofrecieran más que palabras de aliento, ayuda incondicional, económica, médica y todo lo que necesitara, con tal de que abandonara su postura y reconsiderara.
En España, Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijoó, reconocidos miembros de ultraderecha; el mexicano Eduardo Verástegui escribió: (…) “Tu dolor no es invisible y no estás sola” y Elon Musk calificó el hecho de “increíblemente trágico”.
Irónicamente ninguno se manifestó contra el reciente bombardeo de un colegio en Irán en donde murieron más de 100 niñas: ninguno habló de la masacre en Gaza, en la que miles de menores han sido victimados, ahí sí que su dolor ha sido invisible; ninguno se manifestó hasta ahora en la hambruna que está provocando el bloqueo de Estados Unidos a Cuba.
Nadie, se ha manifestado por ello, esos que “defienden la vida” siguen mostrando una y otra vez su profunda cobardía e indiferencia ante un mundo dominado por la violencia, locura y ambición de un mandatario que, de la mano de Israel, pretenden apropiarse de todo, vulnerando derechos y soberanías.
Ahí es donde ellos, las organizaciones ultracatólicas españolas o los “pro vida” mexicanos pretenden que no existe, como si esas vidas no importaran o fueran menos que la de la joven que por decisión propia decide partir de este mundo.
La hipocresía de los que no hablan ante el genocidio, pero se oponen a una decisión consciente, los que condenan a una joven, pero eluden responsabilizar a los que tienen manchadas las manos de sangre. Un mundo de absurdos y “queda bien”, un puñado de vendidos e hipócritas, cuya pobreza moral es cada día más evidente.
Ana María Vázquez
Escritora/Dramaturga
@Anamariavazquez