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Por Ceci Vadillo
El pasado 22 de marzo, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, inauguró la Utopía Mixiuhca en Iztacalco: la primera de las cien que construirá en toda la ciudad.
Durante años se nos dijo que lo público debía ser austero, limitado, casi resignado. Que lo de calidad estaba reservado para quien pudiera pagarlo. La Utopía rompe con esa lógica: aquí lo público no solo es gratuito, es de primer nivel.
En más de 80 mil metros cuadrados, este espacio concentra servicios de salud, deporte, cultura y, sobre todo, cuidados. Actividades que en cualquier otro lugar serían inaccesibles —como tenis, pádel, ballet o incluso go karts— aquí son parte de una política pública que entiende el acceso al bienestar como un derecho, no como un privilegio.
Pero el cambio de fondo está en algo que pocas veces se pone en el centro: el tiempo de las mujeres.
Durante décadas, el trabajo de cuidados ha recaído desproporcionadamente sobre nosotras. Mientras las mujeres destinan en promedio 40 horas semanales a estas tareas, los hombres apenas 16. Esta desigualdad no es solo injusta: limita nuestra autonomía, reduce nuestra participación económica y condiciona nuestro desarrollo.
La Utopía Mixiuhca responde directamente a esa deuda histórica. Por primera vez, un gobierno estatal asume el nivel maternal —la atención a niñas y niños de 0 a 3 años— y lo integra a un sistema más amplio: guardería con horario extendido, casa de día para personas mayores, lavandería a bajo costo, comedor comunitario, atención médica, psicológica y espacios de bienestar.
Lo que se construye aquí no es solo infraestructura, es tiempo liberado. Es la posibilidad de que una mujer deje de cargar sola con todo y pueda estudiar, trabajar, descansar o simplemente vivir.
El contraste con otras visiones de la ciudad es inevitable. Mientras en Iztacalco se amplía el espacio público y se garantiza el acceso gratuito a servicios, en Miguel Hidalgo se renta Parque Lira para espectáculos privados, cercando lo que debería ser de todas y todos.
De un lado, derechos. Del otro, negocio.
Desde el Congreso de la Ciudad, hemos insistido en que el sistema de cuidados debe convertirse en política pública. La Ley de Cuidados que impulsamos va en ese sentido: redistribuir responsabilidades entre el Estado, las familias y el sector privado.
La siguiente será en Azcapotzalco. Y así, Utopía por Utopía, en la Cuarta Transformación seguiremos cerrando las brechas y acercando servicios públicos de calidad para todas y todos.