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- Pueblo conocerá nombre y voto de quienes defienden privilegios políticos
- Reconoce mandataria posible freno a reforma electoral
- Rechaza indulto por caso Colosio; lo considera asunto de Estado
Por Juan R. Hernández
Ciudad de México.- Desde Palacio Nacional, la jornada arrancó con ese murmullo que antecede a la tormenta. Entre cafés apresurados y libretas listas, los reporteros “afilaban navajas”, conscientes de que la conferencia prometía más de un ángulo punzante. Y no decepcionó.
La presidenta Claudia Sheinbaum entró al Salón Tesorería con el guion claro: el llamado Plan B electoral podría no pasar el filtro del Senado, pero eso —dijo— no será derrota, sino vitrina. Una donde quedarán expuestos, nombre y voto, quienes opten por conservar los privilegios de la clase política. Con tono firme, recordó que su responsabilidad ya fue cumplida al enviar la iniciativa. “Depende de los senadores”, lanzó, como quien suelta la pelota en cancha ajena. Y remató: si no prospera, el pueblo sabrá quién está de su lado.

El Plan B, explicó, no es menor. Busca recortar privilegios —desde consejeros del INE hasta regidores— y establecer la revocación de mandato en el tercer año, alineada con elecciones intermedias. El argumento es directo: los ahorros, estimados en cuatro mil millones de pesos, podrían traducirse en obras tangibles, desde cablebuses hasta agua. “Es dinero de la gente”, insistió.
Pero la mañanera no se quedó ahí. El ambiente cambió cuando surgió el tema del indulto solicitado por Luis Donaldo Colosio Riojas para Mario Aburto Martínez. La presidenta no titubeó: rechazó la posibilidad.
Con un matiz humano, expresó solidaridad hacia la familia de Luis Donaldo Colosio, pero marcó línea roja: el magnicidio es un asunto de Estado, no susceptible a indulto presidencial. Así, cerró la puerta a una petición que apelaba más a la reconciliación que al marco legal.
Mientras tanto, en la trinchera mediática, la tensión también hizo lo suyo. Desde temprano, la presencia de Ernestina Godoy elevó las expectativas, pero la instrucción fue tajante: nada de preguntas sobre la FGR porque la fiscal ya tenía sus espacios asignados para responder a preguntas. La reacción de molestia de varios reporteros no se hizo esperar.
Dos reporteras alzaron la voz, reclamando turnos acumulados sin participación mientras otros colegas pidieron orden, defendiendo el turno de palabra como si fuera territorio ganado en la mañanera, donde todo mundo busca ser quien marque tendencia a novel nacional.