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Por Eduardo López Betancourt
Solidaridad concreta
El General Lázaro Cárdenas se distinguió como un firme defensor de la Revolución cubana. Brindó respaldo a Fidel Castro en su lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, e incluso se hizo presente en la isla para manifestar su solidaridad ante las previsibles agresiones contra el naciente régimen revolucionario, particularmente en el contexto de la invasión de Bahía de Cochinos, impulsada por el gobierno de los Estados Unidos.
En México, convocó a una multitudinaria concentración en el Zócalo de la Ciudad de México con el propósito de registrar a quienes estuvieran dispuestos a acompañarlo, incluso empuñando las armas frente a una eventual intervención extranjera. La respuesta fue significativa: numerosos jóvenes acudimos al llamado; muchos de ellos decidieron apoyar y se enlistaron e inclusive, expresamos nuestra decisión de ir a “cortar caña” a la Isla, dando muestra de una solidaridad concreta, no necesariamente sustentada en recursos económicos, sino en la presencia física de mexicanos imbuidos de la ideología que Cárdenas supo inculcar.
Se supo posteriormente que el presidente Adolfo López Mateos impidió dicha incursión; sin embargo, la actitud patriótica de Cárdenas quedó profundamente arraigada en el corazón del pueblo cubano.
Con el paso del tiempo, entablé una estrecha amistad con el defensor de Bahía de Cochinos, el siempre recordado José Ramón Fernández Álvarez, conocido como el “gallego Fernández”.
Hoy, un expresidente mexicano pretende emular la figura de Cárdenas. No obstante, cabría exigirle mayor congruencia: debería trasladarse a Cuba y demostrar con hechos su respaldo a la Revolución. Lejos de ello, se limita a plantear el envío de recursos económicos, lo cual ha generado múltiples cuestionamientos. Persiste la incertidumbre respecto al origen de dichos fondos, e incluso existe el riesgo de que una eventual mala procedencia empañe lo que, en apariencia, busca ser un propósito legítimo.
Cabe recordar que Cárdenas impulsó un evento de gran relevancia, denominado “Congreso Interamericano por la Soberanía y la Paz”, al que asistió una destacada delegación de patriotas cubanos, encabezada por la ejemplar luchadora Vilma Spín, esposa de Raúl Castro; asimismo, participaron Armando Hart, reconocido educador cubano; Jesús Soto, dirigente de los trabajadores de la isla; y destacados comandantes, entre ellos el propio “gallego Fernández”.
Quizá valga la pena que quien hoy convoca a la solidaridad decida acudir personalmente a Cuba y exprese, de manera clara y sincera, su respaldo a un régimen que enfrenta circunstancias similares a las de hace sesenta y seis años. De quien recientemente dejó la presidencia de México, se esperaría una acción firme, coherente y, sobre todo, contundente.