Síguenos

¿Qué estás buscando?

Voces

Mi amigo Omar

73 lecturas

Por Eduardo López Betancourt

Enormes responsabilidades

En diciembre pasado envié una carta para saludar al actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, el maestro Omar García Harfuch. No solo me atendió su secretario particular, Fernando Amezcua, quien me indicó que otro colaborador muy cercano se pondría en contacto conmigo y en segundos estuvo en mi casa el C.P. Juan José Lecanda Guillen; y me comunicó con García Harfuch. Como dictan las formas, le dije: “Señor Secretario, muy amable por recibirme esta llamada…”. Fue tajante y me respondió: “Bajo ningún concepto. Para usted no soy secretario; seguiré siendo Omar. Así le pido que me trate, con el mismo afecto que tuvo hacia mi padre”.

En efecto, durante los últimos años de vida de Javier García Paniagua fui un amigo cercano.

Él mismo solía decir que sus verdaderos amigos no pasaban de los dedos de una mano. Con Javier compartí confidencias y guardo información que oportunamente daré a conocer, particularmente sobre lo que él llamó “la traición de José López Portillo”, episodio que, según su convicción, le impidió llegar a la Presidencia de México, cargo para el cual, a mi juicio, habría sido muy superior al tartufo de Miguel de la Madrid.

También debo señalar que su abuelo paterno, el general Marcelino García Barragán, fue muy generoso conmigo. Después de que le pronuncié un discurso lleno de afecto, en el que destaqué su profunda admiración por el general Lázaro Cárdenas, a quien consideraba un ejemplo de vida, tuvo el gesto de regalarme una yegua preciosa a la que puse por nombre Maca.

Volviendo a Omar, la vida fue cruel y nos arrebató demasiado pronto a su padre, un mexicano como pocos: de historia intensa, valores firmes y una dignidad patriótica verdaderamente encomiable.

Sin embargo, Omar García Harfuch me ha dejado una incógnita. Habíamos acordado vernos un lunes de los primeros días de enero de este año; de pronto se perdió la comunicación. Ignoro la causa. Comprendo, desde luego, que sus responsabilidades son enormes, particularmente en estos tiempos en que la seguridad de nuestra nación atraviesa momentos complejos.

Entre los temas que deseaba conversar con Omar estaba la calidad de algunos de sus colaboradores y asesores. En esas responsabilidades debe prevalecer la sapiencia, el talento y la prudencia, cualidades que distinguieron a su antecesor, el doctor Manuel Mondragón y Kalb.

Omar tiene talento. Pero saber escuchar y cumplir la palabra empeñada deben ser principios que orienten su trayectoria pública. Nunca debe despegarse del suelo ni perder la sencillez y la hombría de bien.

Cuando sus ocupaciones se lo permitan, encontrará sugerencias de quien ama profundamente a México.

Te puede interesar

Advertisement