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Memoria feminista priísta selectiva

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Por Lengua Larga

En la política mexicana hay algo más abundante que los discursos: la memoria selectiva.

La diputada priista Tania Larios salió muy indignada a denunciar que fue víctima de acoso sexual en las inmediaciones del Congreso capitalino. Conferencias, cámaras, declaraciones solemnes, exigencias de justicia. Todo muy correcto. Todo muy digno.

Y sí: cualquier agresión contra una mujer debe investigarse y castigarse. Punto.

Pero aquí es donde entra la parte incómoda de la historia. Porque mientras hoy la diputada levanta la voz con justa indignación, en el álbum político del PRI hay fotos que cuentan otra historia… y en varias de ellas aparece sonriente junto Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre. a Sí, ese mismo. El exlíder del PRI en la Ciudad de México que terminó detenido y procesado por trata de personas, después de que investigaciones periodísticas revelaran un esquema dentro del partido donde mujeres eran reclutadas con ofertas de trabajo que en realidad terminaban en servicios sexuales para el dirigente.

El escándalo estalló hace más de una década y convirtió al PRI capitalino en una especie de capítulo grotesco de House of Cards versión Tepito: oficinas partidistas, contratos simulados y mujeres utilizadas como mercancía política.

Un lodazal. Pero en aquellos años, cuando las denuncias salían en reportajes, cuando las víctimas hablaban y cuando el nombre del “Rey de la basura” aparecía ligado a una red de explotación, el silencio dentro del priismo era más sólido que el concreto.

Nadie veía nada. Nadie sabía nada. Nadie escuchaba nada. ¿Verdad Tania? Mucho menos quienes hoy descubrieron el feminismo de micrófono. Porque en la política mexicana hay dos tipos de indignación: la que se tuitea… y la que se practica.

Y curiosamente la segunda casi nunca aparece.

La foto con Gutiérrez de la Torre no era un secreto. Era parte de la fauna política del PRI capitalino: eventos, reuniones, actos partidistas, sonrisas para la cámara. El mismo personaje que hoy representa uno de los escándalos más vergonzosos del partido.

El pequeño problema es la congruencia. Porque la lucha contra la violencia no empieza cuando te toca a ti, ni cuando conviene políticamente, ni cuando hay cámaras enfrente. Empieza cuando denuncias aunque incomode a tu propio partido.

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