74 lecturas
Por Gustavo Infante Cuevas
El boxeo vive uno de los momentos más tensos de los últimos años. La llegada de Zuffa Boxing, encabezada por Dana White y respaldada por el poderoso proyecto saudí de Turki Al-Sheikh, ha provocado una sacudida que divide al deporte.
La idea es clara: replicar el modelo de la Ultimate Fighting Championship en el boxeo. Menos promotores, menos organismos y campeones dentro de una sola liga. Un sistema centralizado que, según White, busca “ordenar” un deporte históricamente fragmentado.

Pero el plan chocó de frente con los organismos tradicionales. La International Boxing Federation decidió no sancionar la pelea entre Jai Opetaia y Brandon Glanton, porque el combate también coronará un nuevo cinturón de Zuffa. La consecuencia es insólita: Opetaia podría ganar… y aun así perder su campeonato mundial.
El conflicto no termina ahí. Zuffa también agitó el mercado al ofrecerle al británico Conor Benn una bolsa cercana a los 15 millones de dólares por una pelea, desatando una guerra pública entre Eddie Hearn y White.
Mientras algunos celebran la llegada de dinero y nuevas oportunidades, otros ven un intento de imponer un sistema paralelo con sus propios cinturones y reglas.
El resultado es un boxeo dividido. De un lado, los organismos históricos que han regulado el deporte durante décadas. Del otro, un nuevo proyecto dispuesto a cambiarlo todo.
La pregunta ahora es inevitable: ¿Zuffa viene a revolucionar el boxeo… o a apoderarse de él?