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El gasto destinado directamente a combatir la pobreza municipal continúa limitado frente a las necesidades de una población que supera los 700 mil habitantes
MARIO LÓPEZ
GRUPO CANTÓN
El Cabildo de Tlalnepantla de Baz aprobó para 2026 un Presupuesto de Egresos por 6 mil 11 millones 727 mil 420 pesos, calificado por el alcalde Raciel Pérez Cruz como “histórico”. Sin embargo, al revisar el destino de los recursos, la política social municipal sigue siendo limitada frente a las necesidades reales de la población.

Entre los programas propios que continúan en operación, se encuentran La Cocina del Bienestar, que durante 2025 distribuyó más de 200 mil raciones alimentarias a sectores vulnerables, y Transformando Tlalnepantla, enfocado en mejoramiento de espacios públicos y empleo temporal.
Aunque ambos esquemas representan apoyo comunitario, su alcance es reducido frente a una población que supera los 700 mil habitantes y enfrenta carencias en salud, alimentación y educación.
Ediles de oposición coinciden en que, “gran parte del respaldo social que reciben las familias proviene en realidad de programas estatales y federales”, como los impulsados dentro del llamado Plan Oriente, estrategia coordinada por el Gobierno del Estado de México y la Federación. “Esto significa que, pese al monto global aprobado, el Ayuntamiento mantiene una dependencia estructural de recursos externos para atender necesidades básicas”.
El contraste es evidente, aseguran analistas políticos y económicos, mientras el presupuesto total rebasa los seis mil millones de pesos, la inversión directa municipal en política social no crece al mismo ritmo que la demanda ciudadana. En los hechos, “Tlalnepantla deja a miles de familias dependiendo principalmente de los apoyos del Estado y la Federación”, sin consolidar una estrategia social propia robusta y permanente.
Además, especialistas en finanzas públicas municipales advierten que, sin una redistribución más clara hacia desarrollo social, prevención y atención directa a grupos vulnerables, el presupuesto podría concentrarse mayormente en gasto operativo e infraestructura, dejando en segundo plano la atención inmediata a pobreza urbana, jefas de familia, adultos mayores y jóvenes sin empleo, sectores que continúan demandando mayor intervención local.