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Por Xóchitl Bravo Espinosa
La guerra en Oriente
Ninguna guerra debería contemplar ataques directos a la población civil. Es más, ni siquiera tendrían que existir los conflictos bélicos en cualquier lugar del mundo, porque la gente, el pueblo, es el que siempre sufre. No sólo significa la destrucción de ciudades, sino la muerte de inocentes. También se traduce en la pérdida del patrimonio de las familias; la carencia de alimentos y agua; la falta de un lugar seguro donde dormir, más cuando se prolongan los enfrentamientos por meses o años.
Lamentablemente así ocurrió este fin de semana con el bombardeo a una escuela de niñas en Irán, que dejó al menos 150 víctimas, como parte de la escalada de violencia desatada por Estados Unidos e Israel contra ese país, tras haber provocado la muerte del Ayatola Ali Jameneí.
Parece obvio pedir que bombas y misiles no apunten a la población civil. Sin embargo, para las naciones con mayor fuerza militar es algo que no les importa, porque puede más su malentendido orgullo patriótico y, sobre todo, sus intereses políticos y económicos.
Por eso, las diputadas y los diputados de Morena nos unimos al reclamo de la Presidenta Claudia Sheinbaum por el incremento de la violencia en Oriente, y porque la ONU no ha cumplido su labor de pacificación en la zona. En su conferencia mañanera, de este lunes, rechazó la imposición de las naciones que tienen armamento hasta para regalar sobre otras. “Eso no puede ser”, dijo, y tiene toda la razón.
Nos sumamos a su llamado a la solución pacífica de las controversias y la autodeterminación de los pueblos. Pero también creemos que la ONU debe actuar y recuperar su papel y credibilidad como mediador en éste y otros conflictos bélicos.
Qué temor, angustia y dolor debe estar sufriendo el pueblo iraní, y pareciera que eso no tendrá fin. Y es que el Presidente estadunidense, Donald Trump, ya advirtió que “la gran ola” ofensiva está por llegar y que su país tiene la capacidad para que esta guerra se prolongue, pese a que se planteó que duraría unas cuatro semanas.
A eso hay que agregar que hay familias mexicanas en Oriente. Pero estamos seguros que la Secretaría de Relaciones Exteriores y las embajadas de nuestro país mantendrán el contacto con ellas, ya sea para que estén resguardadas o para que salgan de la zona sanas y salvas.
El diálogo y la búsqueda de la paz son el primer paso para evitar los conflictos armados. Cuando las balas, los misiles y las bombas se hacen presentes en algún territorio, la población es la que siempre paga los platos rotos. Eso no se vale. Desde aquí lo decimos fuerte y claro: ¡contra los pueblos, no!