83 lecturas
Por Jorge Gómez Naredo
@jgnaredo
El operativo de las fuerzas mexicanas del domingo pasado, en el que fue abatido Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, impactará -sin duda- en la manera en que la población observe la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Fue un operativo exitoso: se logró abatir a uno de los capos más peligrosos del mundo. Y aunque integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación bloquearon calles y carreteras en Jalisco y en otras entidades, la percepción dominante será la del logro: que el Estado actuó, que hubo resultados y que el combate al crimen organizado no es retórica, sino acción.
A la derecha, el golpe la tomó por sorpresa. Y por eso su reacción fue tan cambiante como torpe. Primero intentaron instalar la idea de que el operativo había sido un fracaso; después, pasaron al terreno de siempre: inventaron y difundieron noticias falsas. Pero esa estrategia, lejos de generar simpatías, produce el efecto contrario: exhibe desesperación y una apuesta abierta por la confusión.
Cuando se dieron cuenta de que la mentira no prendía, cambiaron el guion: empezaron a afirmar que el operativo no lo había encabezado el Gobierno de México, sino el de Estados Unidos. Pero entonces vino el reconocimiento del propio gobierno estadounidense a la autoridad mexicana. Y, otra vez, tocaron el timón de emergencia: ahora dijeron que el operativo probaba que la presidenta Sheinbaum se había deslindado de la estrategia de Andrés Manuel López Obrador y que “optaba” por la de Felipe Calderón.
Ese zigzagueo discursivo les va a salir caro. Primero, porque los deja en evidencia: no les importa la seguridad del país. Segundo, porque en lugar de respaldar un golpe contra el crimen organizado, intentaron boicotearlo. Y tercero, porque muestran algo aún más grave: que están dispuestos a torcer cualquier hecho, incluso uno de esta magnitud, con tal de raspar al gobierno.
Así, el operativo en el que fue abatido El Mencho no sólo tendrá consecuencias en el terreno de la seguridad: también tendrá efectos políticos. La aprobación y el respaldo al gobierno de Claudia Sheinbaum se incrementará y, al mismo tiempo, la derecha se hundirá aún más.