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Mayer sancionado, por payaso

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Por Ricardo Sevilla

Sergio Mayer no entiende. El obstinado farandulero no quiere comprender que no se puede servir a dos señores: o se sirve al pueblo o se sirve al rating. Le vale gorro.

Pues lo tendrá que entender, aunque no quiera.

Y es que la CNHJ de Morena ya emitió la resolución CNHJ-CM-068/2026, suspendiendo los derechos partidarios del diputado Sergio Mayer Bretón.

Y esto se tiene que celebrar, desde luego. Pero también es necesario entender a fondo.

De entrada, hay que El detonante no fue una falta administrativa legislativa, sino su ingreso a un reality show tras pedir licencia. Partamos de ahí.

De entrada, ahí hay un conflicto ético. Aunque legalmente un diputado puede pedir licencia y ser sustituido por su suplente, el “Estatuto de Morena” exige coherencia ideológica. Y Mayer no la tiene. Se la ha pasado por el arco del triunfo.

Aunque legalmente un diputado puede pedir licencia y ser sustituido por su suplente, el “Estatuto de Morena” exige coherencia ideológica. La Comisión argumenta que el mandato popular no es una mercancía intercambiable por rating.

Infelizmente, los personajes como el exbailarín de Garibaldi, ya no buscan legislar, sino vender. El político ya no quiere ser eficaz, quiere ser tendencia.

Fíjese: un diputado federal percibe una dieta mensual neta de aproximadamente 75 mil pesos más apoyos legislativos.

Mayer no comprende que el cargo público pierde su aura de respetabilidad y servicio para convertirse en una plataforma de marca personal, haciendo payasadas como las que ese tipo estila.

La política no es un escenario, es una responsabilidad; quien no lo entienda, que se quede en el camerino. De modo que la sanción a Mayer es un mensaje muy fuerte y claro: el poder público no es un show para degradar la dignidad de la nación.

Dicho en otras palabras: la curul no es un premio de consolación para actores en decadencia. ¡Ni una bolita que que te sube y te baja!

Un representante que prefiere ser observado en una casa que escuchado en la tribuna no merece representar a nadie.

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