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Por Hugo Torres Zumaya
Resultados medibles
En momentos complejos para el país, cuando el crimen organizado pretende sembrar miedo y desinformación, México necesita liderazgo sereno, estrategia y carácter. Y eso es precisamente lo que ha demostrado Omar García Harfuch, hoy pieza clave del gabinete federal y referente indiscutible en materia de seguridad.
Mucho se ha hablado del operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, pero lo verdaderamente relevante no es el espectáculo mediático, sino el mensaje institucional: el Estado mexicano actúa con inteligencia, coordinación y firmeza. No se improvisa. No se titubea. Cada acción responde a un trabajo profundo de inteligencia y a una visión clara de que la seguridad no puede quedar a merced de la delincuencia organizada.
Quienes conocemos de cerca el trabajo de Omar sabemos que su mayor virtud no es únicamente la estrategia policial, sino su empatía con la ciudadanía. En cada responsabilidad que ha asumido ha puesto por delante a las víctimas, a las familias, a los policías de a pie. Esa sensibilidad no es discurso; es práctica cotidiana. La cercanía con la gente, el escuchar directamente a quienes viven el problema de la inseguridad, ha sido una constante en su trayectoria.
Hoy se ve reflejado un trabajo conjunto real entre el Gobierno de México, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, la Guardia Nacional y agencias de Estados Unidos. La cooperación bilateral no es subordinación; es corresponsabilidad frente a un fenómeno criminal que no reconoce fronteras. La coordinación institucional fortalece al Estado y envía un mensaje claro de que México no está solo ni aislado en esta lucha.
No podemos olvidar su etapa al frente de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum. En la capital del país se demostró que una estrategia basada en inteligencia, tecnología, fortalecimiento policial y atención a las causas puede dar resultados medibles. Se redujeron delitos de alto impacto y se recuperó la confianza ciudadana en las instituciones de seguridad.
Ahí nació el apodo de “Batman”, no como una ocurrencia mediática, sino como reflejo de una política firme contra estructuras criminales que durante años parecían intocables. Enfrentó amenazas directas y nunca dio un paso atrás. Esa determinación, acompañada de disciplina y profesionalismo, es la que hoy fortalece la estrategia nacional.