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Avanzan peregrinos de Toluca hacia la Basílica de Guadalupe

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La edición 88 de la peregrinación de Toluca a la Basílica de Guadalupe expone la vulnerabilidad de miles de familias que van por fe sobre una ruta sin señalización

REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

Entre rezos, imágenes religiosas y rostros marcados por la fe, miles de feligreses iniciaron el lunes la edición 88 de la peregrinación anual de Toluca a la Basílica de Guadalupe.
El contingente partió desde la Catedral de Toluca a partir de las primeras horas del día, dando inicio a una caminata de más de 75 kilómetros que se prolongará por al menos 17 horas y que, para muchos, representa tanto un acto de fe como una prueba de resistencia ante la inseguridad.


Aunque la tradición guadalupana convoca cada año a familias completas, adultos mayores y niños, la ruta continúa careciendo de condiciones mínimas de seguridad. Peregrinos denunciaron que, durante el trayecto, especialmente en zonas como La Marquesa y tramos limítrofes con la Ciudad de México, persisten los robos, asaltos y la presencia de grupos delictivos que aprovechan la falta de vigilancia continua.

A lo largo del recorrido, los fieles avanzan por la orilla del asfalto, compartiendo la vía con automóviles y transporte de carga, sin señalización peatonal ni barreras de protección. La ausencia de puntos formales de descanso, hidratación y servicios sanitarios obliga a muchas familias a improvisar paradas en banquetas, camellones o acotamientos, exponiéndose al frío nocturno y a posibles accidentes.

Si bien autoridades estatales informaron sobre la implementación de operativos de acompañamiento y patrullaje, los participantes señalaron que la presencia policial resulta insuficiente para cubrir la extensión y complejidad de la ruta. “La fe nos impulsa a seguir, pero caminamos con miedo”, expresó una peregrina que participa desde hace más de 20 años.

Pese a los riesgos, la caminata avanza sostenida por la devoción. Sin embargo, para los fieles, la peregrinación vuelve a evidenciar una deuda social: la falta de garantías para ejercer una tradición religiosa sin poner en peligro la integridad y la vida de quienes caminan por creencia y esperanza.

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