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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En el municipio de Calimaya la madrugada encontró a la carretera Zaragoza marcada por la muerte. Sobre el asfalto, aún húmedo por el rocío, permanecían los rastros de un impacto brutal: un casco partido, manchas oscuras de sangre y, a unos metros, los fierros retorcidos de una motocicleta Vento negro con naranja. A un costado, el cuerpo sin vida de un joven, sin identificación, sin historia conocida.

El siniestro ocurrió alrededor de las 22:00 horas del sábado, en un tramo recto y con escasa iluminación. Automovilistas que circulaban detrás escucharon un golpe seco. “La moto empezó a zigzaguear y de pronto el muchacho salió volando; cayó pesado, como un costal”, relató un conductor aún consternado. “Cuando nos detuvimos ya no reaccionaba; había mucha sangre”.
Paramédicos de Protección Civil arribaron minutos después, pero nada pudieron hacer. El motociclista, de entre 20 y 25 años, presentaba lesiones mortales. Vestía chamarra de mezclilla azul, pantalón negro y botas tácticas. No portaba documentos ni placas la unidad. La ausencia de casco reglamentario habría agravado el desenlace.
Policías municipales acordonaron la zona mientras peritos de la Fiscalía mexiquense recababan indicios. El cuerpo fue levantado cerca de las 23:30 horas y trasladado al Servicio Médico Forense de Metepec, donde permanece en calidad de desconocido. Nadie preguntó por él esa noche.
Vecinos se acercaron atraídos por las luces y el silencio. “Debe tener familia; es triste que nadie venga”, dijo una mujer del lugar. Autoridades pidieron apoyo ciudadano para identificarlo. La carretera, otra vez, cobró una vida y guardó el nombre del muerto.