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Por Salvador Guerrero Chiprés
Eficiencia operativa
La voz del extorsionador en su pretensión de someter mediante el miedo choca de frente contra un muro infranqueable: la denuncia ciudadana y la voz de las y los operadores de las líneas contra este delito.
En la Ciudad de México, el ciclo de impunidad se rompe cuando una víctima llama. Del otro lado del teléfono, personal capacitado aplica protocolos de precisión para contener la crisis desde el primer segundo, garantizando que nadie enfrente sola ni solo estas amenazas.
Esta eficiencia operativa es producto de un modelo de seguridad ciudadana iniciado con la visión de la ahora Presidenta Claudia Sheinbaum. Su apuesta por transformar la tecnología y la inteligencia en herramientas al servicio sentó las bases de una infraestructura capaz de convertir la información en acciones contundentes.
A través del 089, el 9-1-1 y la Línea Antiextorsión 55 5036 3301 —instruida en su creación por la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada—, operadas desde el C5, se mantiene una guardia permanente con resultados contundentes: entre noviembre de 2024 y febrero de este año, se atendieron 23 mil 058 reportes. Lo más importante es que el 89 por ciento de los casos quedaron en tentativa; la extorsión no se consumó porque el sistema funcionó.
La Estrategia Integral contra la Extorsión ha consolidado un frente común donde la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Fiscalía General de Justicia y el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia —que cuenta con la app No+Extorsiones para bloquear números telefónicos relacionados con este delito— trabajan como un solo puño.
Cada institución cumple una misión crítica, desde la investigación y el despliegue operativo hasta el acompañamiento jurídico y emocional. Con la tecnología y la coordinación política, la Ciudad de México demuestra que la seguridad se construye con estrategia y voluntad, transformando la vulnerabilidad en acción contra la impunidad.