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El bailarín exótico 

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Por Ricardo Sevilla

Hace unos días, la Cámara de Diputados aprobó una licencia indefinida al exbailarín exótico Sergio Mayer Bretón. Y llama la atención que, mientras el país discute reformas estructurales, este legislador plurinominal abandona su responsabilidad constitucional para ingresar al reality show “La Casa de los Famosos”.

Una cosa debe enfatizarse: Mayer no fue electo por voto directo en 2024, es decir: ocupa una curul plurinominal. Y está ahí desplazando a un representante otomí que ganó su lugar mediante el proceso interno de insaculación. Y eso es justamente lo que ha encendido las alarmas.

Durante su breve y caótica estancia en la 66 Legislatura, Mayer fue captado en video confundiendo la “Reforma al Poder Judicial” con una inexistente “Reforma al Poder Legislativo”. Así de distraída la concentración del otrora bailarín.

¿Pero sabe qué? No nos hagamos bolas: Mayer, lamentablemente, nunca pensó que tenía frente a él una responsabilidad civil, sino como una plataforma de branding personal. En este caso, el “capital de celebridad”, infelizmente, sustituye al capital político.

No es el primero ni el único escándalo.

Recordemos un puñado de cosas. Antes de su licencia, el diputado ya utilizaba feliz e impunemente, tiempo de la agenda pública para realizar análisis de televisión comercial, valiéndole un comino su trabajo legislativo y priorizando su perfil de influencer sobre sus funciones en comisiones.

Olvidemos que Mayer es un bailarín y un farandulero (de mucha o poca monta). Mayer ha hecho un trabajo lamentabilísimo. De hecho, el tipo ha votado en abstención sobre reformas de enorme calado.

Y vayamos a fondo con esto: al votar en abstención sobre leyes de nepotismo o (incluso) dormirse en informes de gobierno, Mayer ha comunicado que el recinto legislativo es solo otro “set de grabación” donde el guion es secundario frente a la presencia de cámara.

Mayer debería entender que el pueblo no es (ni debería ser) un acto de vanidad, sino un cargo de responsabilidad.

Cuando un legislador prefiere el rating sobre las leyes, el ciudadano pierde su voz. Pero Sergio, el bailador, por alguna maldita cosa no quiere entender.

Una cosa más: el Congreso de la Unión no es un casting, es el corazón de la República. Dormirse en un informe de gobierno no es gracioso ni un bailecito farandulero, sino el síntoma de una política anestesiada. ¿O usted qué cree?

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