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Cuauhtémoc: la calle como territorio en disputa

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Por Ana E. Rosete

En la Cuauhtémoc el conflicto por el comercio en vía pública dejó de ser un simple diferendo vecinal para convertirse en un pulso político. Lo que comenzó como una exigencia de orden terminó escalando a un debate sobre competencias, facultades y límites institucionales. Pero mientras los argumentos se cruzan en conferencias y redes sociales, la realidad sigue.

Quienes transitamos a diario por San Cosme sabemos que el problema no es abstracto. Las banquetas están invadidas por puestos que se extienden sin control, obligando a peatones —adultos mayores, estudiantes, personas con discapacidad— a bajar al arroyo vehicular. A eso se suma la ocupación irregular de la avenida: comerciantes y vehículos estacionados sobre los carriles, incluso sobre la ciclovía, anulando un espacio que fue diseñado para movilidad segura. Los macetones colocados para delimitar y ordenar la banqueta fueron retirados porque “estorbaban”. La escena es elocuente: cualquier intento de regulación se enfrenta a la resistencia de quienes han convertido el espacio público en extensión privada.

El debate jurídico señala que, al tratarse de una vía primaria, la responsabilidad recae en el gobierno central. Es un argumento válido en términos administrativos. Pero políticamente la omisión también comunica. Si el conflicto ocurre dentro de tu territorio y afecta la vida cotidiana de tus habitantes, mirar hacia otro lado no es neutral.

La alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega decidió bajar a la calle, hablar con comerciantes, dialogar con vecinos e involucrarse directamente. Esa presencia a ras de piso no solo expone la investidura institucional, también revela la vulnerabilidad a la que se enfrenta una mujer que decide intervenir en un terreno donde confluyen liderazgos informales, intereses económicos y tensiones partidistas.

Recuperar la calle no es sencillo. Implica negociación, firmeza y asumir costos. En Ciudad de México la tolerancia prolongada al desorden ha generado zonas donde la autoridad parece opcional. Lo que hoy ocurre en Cuauhtémoc no es solo una disputa por puestos; es una definición sobre quién decide en el espacio público.

Porque al final, la pregunta es simple y profundamente política: ¿la calle es de todos o del que logra apropiársela?

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