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A raíz del conflicto surgido por el despido (muy poco aseado) del Marx Arriaga, las discusiones no han parado; el “pleito” entre los que algunos llaman “puros” y los que aceptan y justifican el hecho ha sido encarnizado, no han faltado los insultos y denuestos a todas las figuras públicas involucradas y las redes se volvieron un hervidero de obradoristas, azuzado por las burlas, críticas y festejos de conocidos personajes de ultraderecha que ya ven “muerto” el movimiento, cuando lo que se ve es el resultado de las libertades que ahora tenemos y que hasta el sexenio de Peña solo era privilegio de unos cuantos y a la gran mayoría le dejaba indiferente los ajustes, cambios o “pleitos de políticos”.
Lo interesante de esta coyuntura es el gran interés del pueblo por los procesos democráticos del país, principalmente en un área tan sensible e históricamente contestataria como ha sido la del magisterio y los contenidos educativos. Los debates, viscerales o fundamentados han ido del texto al video, a podcast y noticieros en canales alternativos. Dos posturas de una misma defensa: la protección de las infancias hacia el injerencismo neoliberal, la gran preocupación por la educación libre y el conocimiento de lo que es la Nueva Escuela Mexicana.
En la construcción del llamado Segundo Piso de la Cuarta Transformación, las cosas se mueven por inercia natural, un movimiento que surgió del pueblo no puede permanecer estático ni rígido y las izquierdas por definición, siempre han sido contestatarias.
La “cabeza fría” de la presidenta apunta por no abonar más al conflicto y poco a poco he restado importancia al tema mientras las militancias siguen reclamando, discutiendo, ejerciendo su derecho a disentir sin ser cooptados por un régimen que los silencie como antes se hiciera en innumerables ocasiones.
Por donde se le vea, el disenso y el reclamo son bienvenidos, muestran interés en los procesos, estrecha vigilancia en las decisiones tanto presidenciales como de secretarios, de una población que hoy por hoy puede acceder hasta el nivel más alto en cada mañanera y pedir cuentas, cosa que ni remotamente sucedía antes.
Ejercer plenamente nuestras libertades, sobre todo en el disenso es parte de lo rescatable de este conflicto que, debería dejar muchas enseñanzas a los altos mandos de que “la forma es fondo” y que todo suma, para bien y para mal, porque la “revolución de las conciencias” también es eso, el derecho al reclamo duro, que podría reflejarse en las urnas.
Ana María Vázquez
Escritora/Dramaturga
@Anamariavazquez