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Redacción
Grupo Cantón
Ciudad de México.-En la CDMX el aire también se cotiza. Desde 1988, opera un mecanismo legal que convierte los metros cuadrados no construidos en un activo financiero: la transferencia de potencialidad de desarrollo urbano. Esto nació con un objetivo noble: obtener recursos para conservar inmuebles históricos. Pero, con el paso del tiempo, se transformó en pieza clave del engranaje inmobiliario.
La fórmula es simple. Si un predio del Centro Histórico tiene autorización para edificar 5 mil m², pero, por su valor patrimonial, solo puede ocupar 2 mil, los 3 mil metros restantes pueden venderse a otro predio en zonas de alta demanda, como Paseo de la Reforma, donde los topes de construcción ya fueron alcanzados. Esos metros “invisibles” viajan de un punto a otro de la ciudad y permiten levantar más niveles.
Así, el espacio no utilizado se convierte en dinero. El propietario del inmueble histórico obtiene liquidez para mantenimiento, mientras que el desarrollador comprador incrementa la altura, la densidad y, por supuesto, la rentabilidad de su proyecto.
El instrumento aplica únicamente en áreas de conservación patrimonial o suelo de conservación, pero estudios recientes advierten que, en ciertos años, empresas financieras vinculadas al sector inmobiliario solicitaron hasta el 93% de los metros cuadrados disponibles.
El dato enciende alertas: la balanza parece inclinarse más hacia la especulación que hacia la vivienda social.