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Vecinos de varias colonias de Cuautitlán Izcalli acusan que las búsquedas oficiales en el Emisor Poniente del joven desaparecido se han limitado a recorridos superficiales
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El canal Emisor Poniente no sólo arrastra aguas negras: carga también con la incertidumbre de decenas de familias.
En sus márgenes, el concreto resquebrajado sirve de mirador forzado para madres, padres y vecinos que siguen buscando a Jeshua Cisneros Lechuga, joven desaparecido en el municipio de Cuautitlán Izcalli cuyo rastro se perdió en este cauce.
La más reciente jornada oficial, contabilizada como la acción de búsqueda número 147, dejó nuevamente un sabor amargo entre quienes esperaban algo más que un recorrido de rutina.
Autoridades municipales de Cuautitlán Izcalli informaron que el operativo se realizó en coordinación con instancias federales y estatales, desde San Martín Tepetlixpan hasta Bosques del Alba. En los comunicados se habló de participación interinstitucional, pero en el territorio la escena fue distinta.
Vecinos de La Piedad, Cofradía e Infonavit Norte aseguran que la búsqueda se limitó a observaciones desde los puentes, sin descender al canal ni emplear equipo especializado.
“No bajaron al agua, no hubo buzos ni herramientas reales. Sólo caminaron por arriba”, relata una habitante de la zona. La denuncia se repite entre las familias, que cuestionan cómo se puede localizar a una persona en un canal profundo y contaminado sin ingresar al cauce ni ampliar el perímetro.
Mientras las autoridades enumeran acciones administrativas —difusión de fichas, solicitudes de información y acompañamiento—, la desesperación crece. Para los vecinos, la suma de expedientes no reemplaza la ausencia ni responde a la urgencia humana de encontrar a Jeshua.
Ante la falta de resultados, las comunidades han decidido actuar. Con cuerdas improvisadas, lámparas y recorridos nocturnos, las brigadas ciudadanas revisan tramos que no fueron considerados en los operativos oficiales. Cada jornada termina igual: sin respuestas, pero con más coraje.
El Emisor Poniente se ha convertido en una frontera dolorosa entre la promesa institucional y la realidad social. Ahí, donde el agua sigue corriendo indiferente, las familias permanecen, resistiendo al cansancio y a la omisión, negándose a aceptar que la búsqueda termine en el silencio.
