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Un pasivo superior a los 622 millones de pesos mantiene contra las cuerdas a las finanzas del gobierno municipal y amenaza con descarrilar el Plan de Desarrollo Municipal 2025-2027.
Mario López
El municipio de Chimalhuacán enfrenta una deuda histórica que supera los 622 millones de pesos, pasivo generado principalmente entre 2016 y 2021 y que continúa impactando las finanzas públicas locales.
De acuerdo con reportes oficiales, apenas se ha cubierto alrededor del 36 por ciento del monto total, por lo que más de 390 millones de pesos permanecen pendientes.
La alcaldesa Xóchitl Flores Jiménez ha reconocido que el peso de esta deuda limita la capacidad operativa de su administración y condiciona la ejecución del Plan de Desarrollo Municipal 2025-2027.
El servicio del pasivo absorbe recursos que podrían destinarse a obra pública, infraestructura urbana y fortalecimiento de servicios básicos.
A la carga financiera se suman adeudos con proveedores y compromisos heredados, así como la necesidad de convenios para regularizar pagos con instancias como la Comisión Federal de Electricidad en materia de suministro para organismos municipales.
Si bien la administración sostiene que no ha contratado nueva deuda y que se trabaja en el saneamiento financiero, analistas señalan que el verdadero reto no sólo es pagar pasivos, sino generar ingresos propios mediante mejora recaudatoria, eficiencia administrativa y estrategias de desarrollo económico local.
La falta de liquidez amenaza con frenar proyectos estratégicos y reducir márgenes de maniobra política. En ese contexto, analistas en políticas públicas destacan que “el éxito del trienio dependerá no sólo de la herencia financiera recibida, sino de la capacidad técnica para fortalecer la hacienda municipal” y evitar que el endeudamiento histórico termine por descarrilar la agenda gubernamental.