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- Personal de Alessandra retiró mesa de atención ciudadana del morenista
- Un concejal electo por el pueblo, tiene todo el derecho de atender al pueblo
- Critica turismo legislativo de PRI y PAN, conservadurismo reciclado
JUAN R. HERNÁNDEZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- La mañanera arrancó con mesa… pero no de las que pesan en Palacio Nacional, sino de las que estorban en la alcaldía Cuauhtémoc. Una mesa sencilla, de plástico quizá, con su silla compañera, terminó convertida en protagonista del día y en símbolo del choque entre el poder que escucha y el poder que ordena quitar.
Claudia Sheinbaum confesó a Diario Basta que al inicio no conocía el caso. Pero bastaron un par de datos para que soltara el adjetivo que retumbó en el Salón Tesorería: “muy autoritario”. Así calificó el retiro de la mesa de atención ciudadana que el concejal morenista Emilio Villar había instalado afuera del edificio de gobierno local y que personal de la alcaldía Cuauhtémoc, encabezada por Alessandra Rojo de la Vega, decidió levantar como si se tratara de un estorbo urbano.
La escena se volvió casi pedagógica. Un concejal electo por el pueblo —dijo la Presidenta— tiene todo el derecho de atender al pueblo, aunque sea a la intemperie. Y si le quitan la mesa, que ponga otra. “Que busque una de su casa”, remató, entre ironía y molestia, mientras desmontaba cualquier intento de criminalizar el acto. ¿Meterlo preso? ¿Por poner una mesa? “¿Cómo lo van a meter preso si no cometió ningún delito?”, lanzó.
La línea fue clara y directa: gobernar no es retirar sillas, es escuchar. Y el dardo no fue gratuito. Sheinbaum subrayó la paradoja: los mismos que acusan autoritarismo desde la oposición, aplican mano dura cuando gobiernan en lo local. El mensaje, aunque sin nombrarla de frente, cayó como balde de agua fría en el escritorio de Rojo de la Vega.
Pero la crónica no se quedó en la Cuauhtémoc. La Presidenta cambió de escenario y subió el tono para hablar del “turismo legislativo”. PAN y PRI, dijo, cruzaron la frontera no para defender migrantes ni impulsar acuerdos, sino para asistir a una conferencia conservadora en Estados Unidos y hablar mal de México. Foto, aplauso y selfie con la derecha internacional.
Sheinbaum hiló historia y presente: recordó al conservadurismo que aplaudió monarquías, se acomodó con Maximiliano y celebró a Porfirio Díaz. Hoy —acusó— ese mismo pensamiento se recicla en discursos racistas, clasistas y machistas, mientras aquí hay pendientes legislativos y allá boletos de avión cuyo origen nadie explica.
Morena, adelantó, pedirá cuentas. Porque entre mesas levantadas y viajes ideológicos, el problema no es el mobiliario ni el turismo, sino el autoritarismo disfrazado de orden y la política convertida en paseo.
