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Por Juan R. Hernández
Mientras 38.4 millones de mexicanas y mexicanos viven en Estados Unidos, de los cuales 11.5 millones son de primera generación, cuatro millones indocumentados y con más de 140 mil deportaciones durante la era Trump, en la Ciudad de México algunos legisladores parecen vivir en otra realidad. Una donde los viajes, las fotos y los foros internacionales pesan más que la rendición de cuentas.
En el primer aniversario de La Chilanguera, Morena fijó una postura política y moral clara: no se puede usar el nombre del Congreso capitalino para turismo legislativo disfrazado de agenda internacional, menos aún cuando se trata de espacios como la CPAC, abiertamente hostiles a México y a su comunidad migrante. La vicecoordinadora Brenda Ruiz no se anduvo con rodeos al calificar como “la mayor vergüenza de la semana” la asistencia de diputados del PAN y PRI, y anunció descuentos salariales y límites al uso institucional del Congreso. El punto central no es ideológico: es transparencia. ¿Quién pagó el viaje?, ¿con qué recursos?, ¿bajo qué comisión?
La pregunta cobra mayor peso cuando aparecen fotografías con personajes como Francisco García Cabeza de Vaca, prófugo de la justicia. Ahí el problema deja de ser simbólico y se vuelve ético. Como señaló el diputado Paulo García, legitimar esos espacios mientras millones de connacionales son perseguidos es, por decir lo menos, una incongruencia mayúscula.
El contraste es brutal si se mira hacia Azcapotzalco, donde el ENSU revela que más de seis de cada diez habitantes se sienten inseguros y más del 50% califica como ineficiente al gobierno local. Calles, transporte y cajeros son focos de miedo cotidiano; los servicios fallan y la vida se repliega. Pero desde el poder local la respuesta es minimizar: “cortina de humo”.
En ambos casos el patrón se repite: evadir los datos, descalificar la crítica y no explicar el uso de los recursos públicos. Ya sea en viajes internacionales o en la atención básica de una alcaldía, la rendición de cuentas sigue siendo la gran ausente.
Mientras algunos viajan y otros niegan cifras, la ciudadanía sigue esperando resultados. Y explicaciones.