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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El cierre parcial del bulevar Francisco I. Madero, en el municipio de Cuautitlán, se mantiene desde hace más de cuatro meses, y hoy es sinónimo de embotellamientos interminables, pérdidas económicas y hartazgo social.
La interrupción del carril con dirección a Melchor Ocampo, ha saturado las vialidades secundarias y provocado un cuello de botella, que se extiende hacia municipios vecinos como Tultitlán, Tultepec, Coacalco y Zumpango. Automovilistas y usuarios del transporte público reportan traslados que se duplican o incluso se triplican en horas pico.
Lo que fue anunciado como una obra de modernización vial terminó por colapsar la vida cotidiana de miles de personas.
Para los comerciantes de la zona, el impacto ha sido directo. La reducción del flujo vehicular y la imposibilidad de estacionarse alejaron a clientes habituales. “La gente prefiere no venir, se desespera antes de llegar”, relata una locataria del corredor comercial, quien asegura que sus ingresos han caído de forma constante.
El sector del transporte y la distribución también enfrenta complicaciones severas. Tractocamiones y unidades de carga pesada se ven obligados a circular por calles no diseñadas para ese tránsito, generando más congestionamiento, daños al pavimento y riesgos viales.
Pese a la magnitud del problema, las autoridades no han informado un calendario preciso para la conclusión de los trabajos ni han implementado un plan integral de movilidad. La obra, lejos de representar progreso, exhibe una gestión deficiente que hoy tiene atrapadas a comunidades enteras en un caos vial sin salida clara.