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Con apenas tres aulas improvisadas, una de ellas amenazada por un socavón, la escuela Hermanos Flores Magón, en Tejupilco, padece una infraestructura escolar deteriorada por el tiempo
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En Rincón del Carmen, comunidad rural de Tejupilco, la excelencia académica convive con el abandono oficial. La Telesecundaria Hermanos Flores Magón, se ha consolidado durante más de una década como una escuela ejemplar, con triunfos nacionales en proyectos sociales, pintura y competencias deportivas; sin embargo, esa historia de logros contrasta con una realidad marcada por la precariedad y el desinterés gubernamental.
Los 157 estudiantes toman clases en apenas tres espacios que cumplen funciones múltiples: aula, dirección, bodega y sala audiovisual.
Uno de estos salones enfrenta un riesgo inminente de colapso debido a un socavón provocado por un pozo mal ejecutado y abandonado por el ayuntamiento, sin que hasta ahora exista una intervención preventiva.
Ante la omisión institucional, la comunidad escolar ha tenido que organizarse. Bajo la conducción del director Pavel Ortiz, padres de familia, docentes y alumnos han realizado colectas, rifas y ventas para sostener la escuela.
Con recursos propios lograron construir sanitarios y una cancha de fútbol, mientras el mobiliario escolar muestra un desgaste evidente.
Los trofeos obtenidos en certámenes como “Somos el Cambio” o la “Copa Coca-Cola”, son fruto de disciplina y compromiso, no de políticas públicas. “Aquí atendemos lo académico y lo emocional, porque sabemos el entorno en el que viven los jóvenes”, explica el director, quien advierte que el respaldo de la Secretaría de Educación, ha sido mínimo.
La situación es especialmente grave en un municipio donde la deserción escolar y la presión del crimen organizado amenazan a la juventud. La telesecundaria funciona como un muro de contención social, pero lo hace sin el apoyo que merece. Vecinos y familias exigen que las autoridades dejen de celebrar los logros en el discurso y actúen para garantizar condiciones seguras y dignas. El abandono ya no es administrativo: es un riesgo real.