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La incorporación de la presidenta municipal de Mexicaltzingo a Morena, exhibe el deterioro de su administración y la crisis de credibilidad que tiene el otrora tricolor como partido en el poder
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El reciente anuncio de la adhesión de la alcaldesa Saray Benítez Espinoza a Morena no representa un punto de quiebre positivo para Mexicaltzingo, sino la confirmación de una administración municipal debilitada y sin dirección.
Lejos de traducirse en beneficios para la población, el movimiento político deja al descubierto un gobierno local que ha sido incapaz de atender los problemas estructurales que afectan de manera directa a las familias del municipio.
Desde su salida del PRI en octubre pasado y su periodo al frente del ayuntamiento, sin afiliación partidista, la gestión municipal ha estado marcada por la improvisación y la carencia de políticas públicas eficaces.
A pesar de los actos protocolarios, los discursos y la presencia en eventos partidistas, las condiciones en colonias y comunidades continúan deteriorándose, con servicios públicos deficientes, infraestructura descuidada y una creciente percepción de abandono institucional.
La responsabilidad de este escenario recae de forma directa en la autoridad municipal, cuya falta de pericia ha impedido consolidar proyectos de impacto social. Mientras la alcaldesa prioriza su reacomodo político, las demandas ciudadanas siguen sin respuesta, evidenciando una desconexión entre el gobierno local y la realidad cotidiana de sus habitantes.
En Mexicaltzingo, el problema no es el color del partido, sino la incapacidad para gobernar. Las familias enfrentan las consecuencias de un ayuntamiento que ha privilegiado el cálculo político sobre el ejercicio efectivo del poder público. El cambio de siglas no borra la ausencia de resultados ni corrige una gestión que, hasta ahora, ha quedado a deberle a la ciudadanía.