Visitas
En la Granjas Guadalupe, tres hombres fueron ejecutados mientras cenaban tacos, por sicarios armados que descargaron sus armas contra ellos, para huir sin dejar pista
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
La parrilla seguía encendida cuando el infierno se desató. El olor a carne asada fue sepultado por la pólvora y los gritos. En cuestión de segundos, un puesto de tacos sobre la avenida Pájaros, en Granjas Guadalupe, pasó de ser punto de reunión nocturna a escenario de una ejecución múltiple. Tres hombres, que comían sentados en bancos de plástico, fueron acribillados a quemarropa por sujetos armados que llegaron directo a matar.
Las detonaciones rompieron la calma de la noche.
Los cuerpos cayeron uno tras otro, desplomados entre platos, tortillas y refrescos derramados. La sangre corrió hasta el arroyo vehicular, mezclándose con restos de comida y ceniza. “Fue horrible, nunca había visto algo así. Les dispararon sin piedad, en la cabeza y el pecho”, narró una mujer que observó la escena desde un local cercano, aún en estado de shock.
Vecinos y comensales corrieron para salvar la vida; otros quedaron paralizados por el miedo. “Pensamos que eran cohetes, pero luego vimos a los muchachos tirados, bañados en sangre. Esto ya se salió de control”, dijo un testigo mientras señalaba los casquillos regados en el asfalto.
Minutos después arribaron policías municipales y estatales, pero los agresores ya habían escapado. Paramédicos solo confirmaron lo inevitable: los tres hombres no tenían signos vitales. Los cadáveres fueron cubiertos con sábanas blancas que pronto se mancharon de rojo, mientras peritos de la Fiscalía realizaban el levantamiento de indicios en medio de un silencio oficial absoluto.
Este triple homicidio expone, una vez más, la brutalidad que se vive en Nicolás Romero, donde la violencia irrumpe en espacios cotidianos y convierte la cena más simple en una trampa mortal. La calle volvió a ser tribunal y las balas, juez y sentencia.
