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REDACCION
El estruendo del andén se apagó con un alarido. En un parpadeo, una mujer de 49 años se lanzó a las vías de la estación Nezahualcóyotl justo cuando el convoy de la Línea B se aproximaba.
El tiempo se detuvo. “Todo pasó rapidísimo; gritamos para que frenaran”, contó un pasajero con el pulso aún acelerado. La escena sembró pánico y miradas petrificadas.
La hora pico hizo más denso el terror. Empleados del Metro activaron los frenos de emergencia y cortaron la energía, mientras la multitud se apretujaba buscando aire. En segundos, brigadas de Protección Civil y paramédicos descendieron a la zona de rieles para una maniobra límite. La mujer presentaba lesiones, pero estaba con vida. Fue inmovilizada, estabilizada y sacada en camilla entre aplausos nerviosos y llanto contenido.
Con la víctima rumbo al hospital —consciente y fuera de peligro inmediato—, la Línea B quedó paralizada. Trenes detenidos, andenes saturados y retrasos en cascada encendieron la desesperación. “Nunca había visto tanto miedo junto; pensé que alguien iba a empujar”, relató una usuaria varada por casi una hora.
Autoridades informaron que el rescate fue exitoso y llamaron a buscar apoyo profesional ante crisis emocionales. Más allá del morbo evitado, el episodio dejó una postal cruda del subsuelo capitalino: la rutina puede romperse en segundos y la vida depender del reflejo humano. Esta vez, la tragedia se quedó a un paso.