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Por Diana Sánchez Barrios
La semana pasada, en el Congreso de Jalisco, las diputadas y los diputados de Movimiento Ciudadano, PAN, PRI y PVEM votaron en contra de un dictamen que establecía el procedimiento legal para que niñas, niños y adolescentes trans pudieran ser reconocidos jurídicamente conforme a su identidad de género. Esta decisión se tomó a pesar de que existe un mandato claro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que obliga a armonizar la legislación local en la materia.
Rechazar, por tercera ocasión, la adecuación de su legislación para reconocer el Derecho a la Identidad de Género de las infancias es una decisión política que coloca al Gobierno de Jalisco en abierta oposición en contra del interés superior de la niñez y al principio de progresividad de los derechos humanos. Se trata, además, de una forma institucional de exclusión y de violencia en contra de un sector históricamente vulnerado.
El máximo tribunal del país ha sido claro al postular que impedir que las personas trans, incluidas las menores de edad, accedan al reconocimiento legal de su identidad es inconstitucional y discriminatorio. Desconocer deliberadamente esos criterios es un desacato que va en contra del Estado Constitucional de Derecho.
Negar la identidad expone a las niñas y niños trans a violencia escolar, a humillaciones cotidianas y a una constante deslegitimación de su existencia. El interés superior de la niñez se defiende garantizando condiciones de vida dignas y libres de discriminación. Como mujer trans —y como la niña trans que fui—, sé lo que significa la invisibilización institucional. Yo crecí en un país donde mi identidad no tenía reconocimiento jurídico y donde cada documento oficial era una negación de quién era.
Rechazo lo ocurrido en Jalisco y la postura de gobernador Pablo Lemus, porque normaliza la idea de que los derechos pueden someterse a votación cuando incomodan. Porque envía un mensaje peligroso donde el dogmatismo y los prejuicios de un sector conservador se colocan por encima de la ley y de la realidad social. Y porque reproduce la violencia que muchas de nosotras sobrevivimos.
En el Congreso de la Ciudad de México hemos avanzado porque entendimos algo esencial: no se puede legislar sin humanidad ni sin conocimiento. Con el respaldo del Grupo Parlamentario de Morena y de las y los diputados de la Transformación, pondremos el ejemplo a nivel nacional de que se puede legislar con humanidad, con una visión integral, incluyente, llena de amor y de paz, pero sobretodo, para que las niñas y los niños trans sean felices.
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