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Por Lengua larga
Querido lector, está columna ha sido señalada por muchos de difundir mentiras, pero solo publicamos lo que llega hasta nuestra redacción. Dicen que la verdad no peca, pero como incómoda.
Resulta que una trabajadora en la Miguel Hidalgo anda graznando por toda la alcaldía las infamias del concejal priísta, Juan Pablo Viggiano, el cual anda muy enojado porque César Garrido no le cumplió sus caprichos.
Ahora verá, el hijo pródigo de Carolina Viggiano, mejor conocido como Juanpi, acudió a un bar en Polanco como todo mi rey privilegiado a celebrar que su “padrastro” Rubén Moreira le regaló una curul plurinominal para ser diputado, claro está, si no entra la reforma electoral y se le cae el “negocito”.
Pero bueno, el problema no es que salga o no, sino lo que hace cuando se va de “party” con sus amigos.
Ahora verá, esto no lo dice esta escribana, salió de la boca de una empleada y llegó a los oídos de una más chismosa que está columnista.
El niño Viggiano se puso una “guarapeta” de aquellas, maltrató a todos los meseros del lugar llamándolos “gente color cartón” y diciéndoles que, si no lo trataban bien, les iba a cerrar “el changarro”.
Aplicó la de “wey, ¿no sabes quién soy?”, “o sea, tipo, ¿no ubicas a mis papis?”. ¿Y qué cree, querido lector? Como el gerente ni el dueño sabían quién era, que lo sacan del lugar por mala copa y argüendero.
Pero ahí no paró la cosa, el príncipe del PRI le pidió por oficio a César Garrido, director de Gobierno de la alcaldía, que quería toda la información del dueño del bar en calidad de urgente porque “le quiero cerrar el lugar a este wey”. Y, por primera vez en la vida, Cesarín hizo lo correcto y se negó rotundamente a cumplir los caprichos del nene consentido.
Y, bueno, ahora sí que le aplicaron la de acúsalos con tu padrastro, Juanpi. ¡Vaya fichita salió este concejal!