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Salinas Pliego ventaneado

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Por Ricardo Sevilla

Ricardo Salinas Pliego es un sujeto repulsivo. Su nombre estará manchado de por vida. Y cada información que surge sobre él despide un olor fétido y nauseabundo.

¿Cree que exagero? Pues no. Seguramente, a esta hora, usted ya estará enterado de que, entre 2012 y 2018, Salinas Pliego y su esposa, María Laura Salinas, mantuvieron una presencia constante en los eventos privados de Jeffrey Epstein, de acuerdo con correos filtrados del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

El dueño de TV Azteca (en su malevolencia sin límite) fue parte de un círculo exclusivo que incluía a políticos, magnates, músicos, faranduleros y hasta científicos, donde se discutían desde planes económicos para México hasta proyectos de telefonía valuados en miles de millones.

El dueño de Grupo Salinas aparece retratado en estos documentos como un asistente porfiado a los clubes y residencias del agresor sexual.

La relación, que mezcló la camaradería con el interés financiero, se extendió por al menos seis años. No son especulaciones. Es información dura.

Evidentemente, el jefe de Javier Alatorre no quiere que sepamos que había una relación de confianza mutua entre el presidente de Grupo Salinas y Jeffrey Epstein.

El magnate mexicano fanfarroneó ante el explotador sexual sobre su descomunal equipo de seguridad, mientras se codeaba con la élite de la depravación.

El agresor sexual, incluso, mostraba una fascinación particular por la fortuna y el entorno familiar del mexicano. Esta “corte” de influencia, que están documentados en al menos 70 ocasiones.

Pero sobre eso, obviamente, no quieren hablar en “Ventaneando”, donde recientemente estuvo lloriqueando el amigo de Epstein.

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