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Una ejecución a plena luz del día desató el terror en el autolavado El Chapuzón, en la comunidad de Loma del Astillero, municipio de Jiquipilco
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En el municipio de Jiquipilco la tarde avanzaba con normalidad en el autolavado El Chapuzón cuando el estruendo de los disparos desgarró el ambiente.
Entre chorros de agua y espuma, un trabajador cayó fulminado sobre el pavimento húmedo, su cuerpo estremecido por las balas y la sangre corriendo sin freno hasta mezclarse con el jabón. El horror se apoderó del lugar.
Los atacantes llegaron armados y decididos. Sin cruzar palabra, accionaron sus armas y huyeron de inmediato en una camioneta, dejando atrás el cuerpo inerte del empleado, cuyo nombre fue reservado. “Todo fue muy rápido, se escucharon los balazos y luego gritos. El muchacho ya no se levantó”, narró un testigo con la voz temblorosa, aún impactado por la escena.
Paramédicos arribaron al sitio, pero nada pudieron hacer. El hombre ya no contaba con signos vitales. Policías municipales acordonaron el área mientras vecinos observaban, en silencio y con miedo, el charco de sangre que marcaba el sitio de la ejecución.
La reacción de la Policía Estatal fue inmediata. Se desplegó un operativo de búsqueda por caminos y comunidades cercanas. La camioneta utilizada por los sicarios fue hallada abandonada en San Martín, lo que intensificó la persecución. Los sospechosos escaparon a pie, internándose entre parcelas y terrenos de cultivo.
Uno de ellos fue interceptado exhausto, sin posibilidad de huir. Los otros dos intentaron ocultarse en un maizal, pero fueron cercados por los uniformados, capturados entre los surcos, sucios, sudorosos y derrotados. “Salieron con las manos arriba, ya no tenían a dónde correr”, relató un habitante de la zona.
Peritos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México levantaron indicios balísticos y trasladaron el cuerpo al anfiteatro. Las primeras líneas de investigación vinculan a los detenidos con el robo violento de un negocio de chatarra en Temoaya horas antes.
La escena quedó marcada por la sangre seca y el miedo colectivo. Una muerte más a plena luz del día, una captura rápida, pero una vida perdida que ninguna detención podrá devolver.