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Por Jorge Gómez Naredo
Este segundo período de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha sido especialmente complicado para los mandatarios de todo el mundo. El estadounidense se ha mostrado más agresivo. Basta un botón de muestra: la invasión a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro.
No cabe duda de que la política exterior de Trump ha resquebrajado el orden mundial vigente. Muchas de las reglas que parecían estables hoy se están modificando, sin que quede del todo claro hacia dónde se dirigen los cambios.
En medio de esta inestabilidad global, destacan las capacidades que algunos líderes mundiales han demostrado para enfrentar a Trump sin caer en actitudes vergonzantes ni en posturas beligerantes. Tal es el caso de nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum.
Ella ha sabido cómo encarar a Trump. Ha demostrado que entiende la coyuntura y que no se deja arrastrar por las declaraciones beligerantes, petulantes y engreídas del presidente estadounidense. Pero, cuando ha sido necesario, también ha asumido posturas contundentes frente a hechos inadmisibles.
Lidiar con Trump no es sencillo. Hacerlo cuando tu país comparte una de las fronteras políticas más grandes del mundo con Estados Unidos lo es aún más. La complejidad aumenta si se considera que en ese país viven millones y millones de mexicanos.
Por ello, la forma en que nuestra presidenta ha manejado su relación con Trump ha llamado la atención internacional. No se ha dejado intimidar, pero tampoco ha mordido los anzuelos que el mandatario estadounidense lanza.
A esta ecuación se suma una oposición que la critica de manera permanente. Si dialoga con Trump, está mal; si no lo hace, también. Si defiende la soberanía, mal; si no lo hace como la oposición cree que debería, peor. Claudia Sheinbaum no sólo enfrenta a Trump, sino a una oposición dispuesta a apoyarse en el mandatario estadounidense para intentar desestabilizar al país.
Por todo ello, su capacidad para lidiar con este escenario complejo resulta admirable y merece ser reconocida.