Visitas
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
La mañana del miércoles, la tranquilidad habitual de la Unidad Habitacional IMSS, en el municipio de Tlalnepantla, se vio abruptamente interrumpida por una escena que dejó a vecinos y familias en estado de shock.
Al interior de una vivienda fue localizada sin vida una joven de 22 años, luego de que presuntamente accionara un arma de fuego mientras se encontraba en su recámara.
De acuerdo con los primeros reportes, el arma involucrada sería propiedad de un familiar directo, lo que encendió de inmediato las alertas no solo por el desenlace fatal, sino por la facilidad con la que el artefacto se encontraba dentro del hogar.
Mientras avanzaban los protocolos legales, el ambiente entre los vecinos era de consternación. Muchos coincidieron en que se trata de una tragedia que va más allá del hecho policiaco, pues evidencia un problema profundo y recurrente: la falta de atención a la salud mental dentro de las familias. El silencio que rodeó el caso refleja, señalan, la ausencia de redes de apoyo emocional y la normalización de crisis que no siempre son detectadas a tiempo.
Especialistas y habitantes de la zona advierten que este tipo de sucesos obligan a mirar hacia dentro de los hogares, donde el estrés, la ansiedad y la presión social suelen permanecer ocultos. La combinación de una crisis emocional no atendida y el acceso a un arma de fuego resultó fatal.
La muerte de esta joven deja una herida abierta en la comunidad y una exigencia clara: fortalecer la atención psicológica, generar programas preventivos y revisar las condiciones de seguridad en los hogares.