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JAVIER LETHER
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.– En México, la principal causa de muerte no es repentina ni inevitable: es crónica, prevenible y costosa. De acuerdo con datos de la Estadística de Defunciones Registradas (EDR) del INEGI, las enfermedades del corazón encabezan las causas de fallecimiento en el país, seguidas por la diabetes mellitus y los tumores malignos, padecimientos que, además de cobrar vidas, representan una carga económica devastadora para millones de hogares.
Entre enero y junio de 2025, las enfermedades del corazón provocaron 95 mil 935 muertes; la diabetes causó 56 mil 541 y los tumores malignos, 47 mil 121, según la EDR. A estas cifras se suman fallecimientos por influenza y neumonía, con 20 mil 097 casos; enfermedades del hígado, con 19 mil 517, y padecimientos cerebrovasculares, con 17 mil 199.
El impacto no es solo sanitario. La atención de enfermedades crónicas implica gastos constantes en medicamentos, consultas, estudios y hospitalizaciones. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 del INEGI, el gasto de bolsillo en salud alcanzó en promedio 6 mil 421 pesos anuales por hogar. La compra de medicamentos representa 38% del gasto total en salud, proporción que se eleva a 50% en los hogares de menores ingresos. En un contexto de alza en los precios de alimentos y servicios médicos, una enfermedad grave no solo significa perder a un ser querido, sino también endeudarse o perder el patrimonio.
Los datos muestran diferencias por sexo. En los hombres, además de las enfermedades del corazón y la diabetes, destacan las agresiones (homicidios), con 12 mil 781 muertes, y los accidentes, con 14 mil 942. En las mujeres, las enfermedades cerebrovasculares, con 8 mil 169 fallecimientos, y las respiratorias, con 5 mil 016, tienen mayor peso, lo que refleja desigualdades en salud y en el acceso a la atención médica.
La mayoría de estas causas están asociadas a factores prevenibles: mala alimentación, falta de atención médica continua, diagnósticos tardíos y un sistema de salud saturado. A ello se suma la presión económica: enfrentar una enfermedad grave en México puede significar elegir entre atenderse o endeudarse.
Morir en México no solo es una tragedia humana. En muchos casos, también es una sentencia financiera para quienes se quedan.