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La comunidad de Santa María Nativitas enfrenta la aparición de alimentos presuntamente envenenados en la vía pública. Vecinos reportan la muerte de perros luego de ingerir restos de pollo con sustancias tóxicas
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En el municipio de Texcoco, la tranquilidad de Santa María Nativitas se ha visto quebrantada por una serie de hechos que han sembrado miedo e indignación entre sus habitantes.
En los últimos días, vecinos han denunciado la aparición de restos de pollo impregnados con presuntas sustancias tóxicas, arrojados de manera intencional en diversas calles de la comunidad.
El resultado ha sido devastador: varios perros han muerto tras ingerir estos cebos, dejando escenas de dolor que han conmocionado a la población.
Los hechos fueron detectados a lo largo de la semana pasada cuando habitantes comenzaron a encontrar animales sin vida en banquetas, terrenos baldíos y accesos a viviendas.
De acuerdo con los testimonios, no se trata de un descuido ni de un evento aislado, sino de una práctica deliberada que se repite en distintos puntos, lo que refuerza la sospecha de un acto premeditado. La ausencia de responsables identificados incrementa la sensación de impunidad.
La problemática social es profunda. Más allá del evidente maltrato animal, la presencia de veneno en espacios públicos representa un riesgo grave para la población. Vecinos advierten que niñas y niños transitan diariamente por las zonas afectadas, juegan en la calle y podrían tener contacto directo con los restos contaminados. El espacio común, que debería ser seguro, hoy es percibido como una amenaza latente.
Ante ello exigen la intervención inmediata de las autoridades municipales y de seguridad pública. Reclaman mayor vigilancia, recorridos constantes y una investigación formal que permita identificar y sancionar a los responsables.
La denuncia es clara: permitir que el veneno circule libremente en las calles no solo normaliza la crueldad, sino que evidencia una fractura en la seguridad comunitaria.
Mientras no exista una respuesta contundente, la comunidad seguirá viviendo entre el enojo y el temor, con la certeza de que el peligro no distingue entre animales y personas.
