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El colapso del servicio de recolección, provocó acumulación de toneladas de desechos que se descomponen a plena luz del día en calles del barrio de Acuitlapilco
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El olor golpea antes que la vista, es un tufo espeso y agrio que se incrusta en la garganta y obliga a contener la respiración. Así amanecen y anochecen las calles de Acuitlapilco Primera Sección, donde la basura dejó de ser residuo para convertirse en amenaza.
Montones de desechos apilados en esquinas, banquetas y accesos principales marcan el territorio de un Chimalhuacán sitiado por su propia inmundicia.
Bolsas negras reventadas exhiben restos de comida en descomposición, pañales manchados, botellas rotas y animales muertos. La escena es brutal. La sangre seca de perros atropellados o abandonados se mezcla con lixiviados que corren como riachuelos pestilentes sobre el asfalto. Moscas, cucarachas y ratas emergen sin miedo, mientras jaurías de perros callejeros pelean entre la basura, arrancando trozos de carne podrida.

“Esto ya se salió de control”, denuncia Javier “N”, vecino de la zona. “Mis hijos se han enfermado, hay fiebre, diarreas, infecciones. Nadie recoge nada. Aquí el gobierno desapareció”. El miedo no es exagerado.
Especialistas en salud advierten que la acumulación de residuos genera focos de infección capaces de detonar brotes gastrointestinales y respiratorios. La crisis estalló tras el colapso del servicio municipal de recolección. En un municipio que genera cientos de toneladas de basura al día, solo una fracción es retirada; el resto se pudre en la vía pública. Las autoridades, encabezadas por Xóchitl Flores Jiménez, guardan silencio mientras la población respira muerte.
La escena es digna de una crónica negra: calles convertidas en basureros, vecinos atrapados entre plagas y un municipio que se desangra lentamente entre la podredumbre y la negligencia oficial. Aquí, la basura ya no es un problema urbano; es una sentencia.
