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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El ambiente era denso, cargado de ansiedad. No corría sangre, pero el miedo se palpaba como una herida abierta. Desde temprana hora de esta semana, decenas de motociclistas tomaron las calles de San Mateo Atenco para formarse, casi en estampida, frente a las unidades móviles de la Secretaría de Movilidad. Nadie sonreía. Nadie hablaba en voz alta.
El temor no era a un accidente, sino a la detención, al retén inesperado, a la mordida disfrazada de infracción. Hombres y mujeres aguardaban bajo el sol, con papeles arrugados entre las manos, impulsados no por convicción cívica, sino por la paranoia que dejaron los operativos recientes.
“Aquí no importa si traes todo en regla, te paran y algo te sacan”, murmuró un motociclista mientras avanzaba lentamente en la fila. “Es mejor venir a pagar antes que quedarte tirado en la calle sin moto”.
Aunque oficialmente las motocicletas están exentas del Hoy No Circula, la presencia policiaca desató un estado de sitio psicológico. Conductores relatan revisiones minuciosas, señalamientos arbitrarios y amenazas veladas.
“Te dicen que falta un sello, que la fecha no es clara, que el documento no aplica… y ahí empieza el sangrado”, narró Randy Pliego, vecino del municipio.
El costo del “escudo” no es menor: certificados y licencias que superan los mil pesos, adquiridos no por cultura vial, sino por supervivencia. “No es opción, es extorsión legalizada”, reclamó una mujer mientras avanzaba en la fila, resignada.
Las autoridades aseguran que la estrategia busca orden y seguridad, pero en la calle el mensaje es otro: el miedo se convirtió en política pública. En San Mateo Atenco, hoy no circula la confianza; circula el pánico.