Síguenos

¿Qué estás buscando?

Voces

Trump y el regreso del imperialismo sin pudor

74 lecturas

Por Jorge Gómez Naredo

@jgnaredo

La intención de Donald Trump de apoderarse de Groenlandia no es una excentricidad más de su repertorio provocador. No. Es la expresión cruda de un imperialismo que parecía erradicado del mundo moderno, pero que hoy regresa sin disfraces ni eufemismos.

Cuando Trump habla de Groenlandia como si fuera una ficha estratégica o un activo negociable, reduce territorios, pueblos y soberanías a simples variables del mercado y del poder militar. Su discurso provocador, altanero y prepotente no es solo irresponsable, sino profundamente revelador. Revela que, para ciertos sectores del poder global, el fin de la Guerra Fría nunca significó el fin del colonialismo, sino apenas su actualización.

Este nuevo imperialismo ya no siempre se expresa con ejércitos ocupando territorios. Hoy se ejerce, sobre todo, con presiones económicas, control de recursos y amenazas políticas. Se impone sin disparar, pero con el mismo objetivo de siempre: mandar y someter.

Hay que decirlo con claridad: Groenlandia no es un territorio vacío ni un botín disponible. Es un pueblo con derechos, con historia y con voz propia. Tratarla como mercancía muestra una forma de pensar en la que los países fuertes deciden y los demás solo obedecen.

Groenlandia importa por su ubicación estratégica, por sus minerales y por el control del Ártico. Lo que no importa, en la lógica trumpista, es la autodeterminación de su población ni el respeto al derecho internacional.

El autoritarismo y el expansionismo no son fantasmas del pasado. Siguen vivos y se fortalecen cuando el neoliberalismo reduce la política a negocios y la geografía a oportunidades de inversión y dominación. Frente a ello, la defensa de la soberanía, del multilateralismo y de los pueblos -grandes o pequeños- no es un gesto romántico: es una necesidad urgente y una responsabilidad política.

Te puede interesar

Advertisement