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Por Ana maría Vázquez
Escritora/Dramaturga
@Anamariavazquez
Nunca se trató de drogas, tampoco se trató de proteger al pueblo, el costo de la vida desde el segundo ascenso de Trump, el costo de la vida aumentó en áreas como alimentos, vivienda, atención médica y energía; la cantidad de personas sin hogar ha aumentado, debido a recortes en apoyos a vivienda, educación, salud, priorizando el aumento en áreas como defensa, el terror de la población debido a las redadas de ICE, ha llevado a cientos de protestas por tiroteos, políticas de deportación masiva y violencia indiscriminada a los residentes legales y población nacida en Estados Unidos provocando muertes, detenciones a menores de edad y ancianos, las políticas de control de drogas con las que ha presionado a nuestro país no ha reducido el consumo, por el contrario, registra un aumento hasta ahora de 8.7% y 10.6 en alcohol.
México ha hecho su parte y sigue haciéndola, sin embargo, el envío de armas desde el norte de nuestro país continúa y la “responsabilidad” de la lucha contra el narcotráfico parece ser solamente responsabilidad nuestra y es una historia con la que hemos tenido que vivir, aunque el verdadero narco de cuello blanco (y no tanto), esté precisamente del otro lado de nuestra frontera norte.
Un mercado que deja más de 100 mil millones al año que entran a un esquema de lavado financiero implantado desde los años 70. Sería muy fácil cambiar el objetivo de ICE y capturar a los distribuidores en Estados Unidos, que el buró financiero siguiera la ruta del dinero desde Wall Street hasta paraísos fiscales pero tanto el narcotráfico en nuestro caso, como los adictos en el suyo forman parte de una gran cadena de producción y control, -los adictos no protestan- y son parte de los “desechables del sistema” un sistema que ya sin tapujos va sobre las mayores ganancias para los ricos, la expansión territorial y el dominio, abierto o soterrado, de los recursos y tierras de otros países, nunca les ha importado la población, sino lo que puedan obtener de ella.
En México no tenemos mucha opción que seguir intentando jugar a la política con un gobierno tan impredecible como el que ahora tiene nuestro vecino del norte; no somos un país fuerte en armamento, tampoco económicamente porque dependemos fuertemente de ellos y el margen de acción de la presidenta es corto y hasta ahora lo ha jugado bien. El mundo va velozmente hacia un cambio de eje y aunque algunos analistas piensan que saldremos airosos, otros no son tan optimistas, pero en lo que todos coinciden es que la unión de nuestro pueblo deberá conservarse para pasar esta etapa de la mejor forma posible.