Visitas
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En la comunidad de Santa Cruz Chignahuapan, municipio de Lerma, la emergencia por la inundación que padecen desde hace semanas no concluyó con el retiro de las bombas. A pesar del anuncio oficial de la Conagua sobre la extracción de más de 135 mil metros cúbicos de agua, vecinos y productores aseguran que la normalidad aún está lejos de regresar. El alivio prometido se limitó a las vialidades principales, mientras amplias zonas productivas permanecen bajo el agua.
Familias dedicadas a la agricultura y a la piscicultura relatan que sus parcelas y estanques continúan anegados, sin una salida natural hacia los drenes. La falta de escurrimiento ha provocado pérdidas económicas y un ambiente de frustración colectiva.
“El agua se fue de las calles, pero se quedó donde trabajamos”, resume un habitante que teme perder su cosecha.
Las autoridades federales sostienen que los niveles bajarán de manera gradual y que se realizaron zanjas auxiliares para facilitar el desagüe. Sin embargo, los afectados consideran que estas acciones son insuficientes y llegan tarde. Para ellos, el problema no es coyuntural, sino estructural: un sistema de drenaje rebasado y una planeación hidráulica que ignora la realidad del territorio.
El cansancio social es evidente. Cada episodio de inundación reactiva el temor y la desconfianza hacia las instituciones. Los vecinos exigen obras preventivas y una estrategia integral que rompa con el ciclo de emergencias recurrentes. En Lerma, la exigencia ya no es solo sacar el agua, sino evitar que la historia vuelva a repetirse.