Visitas
- Busca el edil opositor reubicar las embajadas de Cuba, Nicaragua y Venezuela
- Enfatiza la mandataria que la política exterior no la administran las alcaldías
- Reitera que México no califica ni juzga las decisiones que toman las naciones
Juan R. Hernández
Ciudad de México.- Desde el Salón Tesorería de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum no dejó pasar la oportunidad para poner en su lugar al alcalde de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe. A pregunta expresa de Diario Basta, la mandataria, con una mezcla de ironía fina y firmeza institucional, desactivó la propuesta del edil panista que pretendía “reubicar” las embajadas de Venezuela, Cuba y Nicaragua fuera de su alcaldía.
Sheinbaum sonrió apenas, levantó la ceja y fue directa: “Yo creo que quiere llamar la atención, porque no tiene atribuciones”. La frase cayó seca, sin rodeos. En segundos quedó claro que, para la presidenta, la petición de Tabe no solo carece de sustento legal, sino que responde más a un afán de protagonismo político que a una preocupación real de gobierno.
La mandataria recordó lo elemental: la política exterior no se decide en una alcaldía. “No definen ellos la política exterior”, subrayó, y remató calificando la postura como “una visión muy conservadora”. El dardo final llegó envuelto en ironía: “Estaría bueno que se dedicara a su tema”, sugirió, dejando claro que la agenda internacional no está en la lista de pendientes municipales.
Más allá del choque político, Sheinbaum aprovechó para recordar uno de los pilares históricos de la diplomacia mexicana: la Doctrina Estrada. Desde 1930, explicó, México no califica ni juzga a otros gobiernos, sino que mantiene relaciones con los pueblos, bajo el principio de no intervención y respeto a la soberanía. “La relación es con los pueblos, aunque formalmente se realice con los gobiernos”, puntualizó.
Así, la presencia de embajadas en territorio nacional no depende de simpatías ideológicas ni de juicios morales locales, sino de una política de Estado. Bajo ese marco, la exigencia de Tabe no solo es inviable, sino contraria a la tradición diplomática del país.
Cabe señalar que el domingo, el alcalde había endurecido el discurso al calificar a esos gobiernos como “dictaduras” y asegurar que en Miguel Hidalgo solo serían bienvenidas embajadas de países “con gobiernos legítimos”. Sin embargo, desde Palacio Nacional el mensaje fue claro: la soberanía no se negocia y la política exterior no se administra desde una alcaldía.
En la balanza, el intento de Tabe quedó reducido —como dijo la presidenta— a una declaración para llamar la atención. Y en Palacio, al menos esta vez, no surtió efecto.
