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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
Desde las primeras horas del sábado, los alrededores de los centros de verificación vehicular en Toluca, se vieron rebasados por una afluencia inusual de automóviles. Conductores, muchos de ellos acompañados por sus familias, aguardaron durante horas con la incertidumbre de no alcanzar turno y quedar expuestos a sanciones económicas.
El endurecimiento del programa Hoy No Circula, detonó una reacción marcada por el temor a las multas y, sobre todo, al traslado de las unidades al corralón municipal.
“Para nosotros el coche no es un lujo, es la forma de llegar al trabajo”, expresó Laura Hernández, vecina de San Mateo Oxtotitlán, quien relató que la multa por verificación extemporánea supera los tres mil pesos, una cifra que desestabiliza cualquier presupuesto doméstico. Testimonios similares se repitieron a lo largo de la jornada, con padres y madres de familia que señalaron que perder el vehículo implica dejar de percibir ingresos o incumplir responsabilidades básicas.
Las autoridades estatales informaron que los operativos de revisión contarán con la presencia de observadores de derechos humanos y personal de contraloría, con el fin de evitar abusos. Sin embargo, para los afectados esta garantía resulta insuficiente frente al costo económico acumulado entre multas, trámites y el pago del holograma, que en conjunto ronda los cuatro mil pesos por unidad.
La inconformidad social crece al percibirse una contradicción entre el discurso ambiental y la realidad cotidiana. Vecinos cuestionan que no existieran campañas preventivas ni apoyos graduales antes de aplicar las sanciones. Así, una política diseñada para mejorar la calidad del aire en el Valle de Toluca se vive como una medida punitiva que profundiza la desigualdad y deja a miles de familias atrapadas entre la obligación legal y la imposibilidad económica.